Sunday, March 30, 2008

IMAGENES PARA EL RECUERDO


José Antonio Rengifo. En el cargo de fiscal fue siempre símbolo de rectitud y honestidad.





Emilio Berger Sigel-Presidente en el periodo 1917/1918






Juan B. Rojas Torres-Cuarto presidente-periodo 1916/1917





Rogerio Carrera Arévalo-Tercer presidente-periodo 1909/1910






















Wednesday, March 26, 2008

HISTORIA DEL DEPORTE LORETANO-continùa



Frontis del Athletic Club José Pardo-1921

La ceremonia de transmisión de mando para el vigésimo periodo institucional del 1º de setiembre de 1923 al 1º de setiembre de 1924 se realizó en privado y la directiva estaba constituida así: Presidente: Ladislao Serrón Torres. Vicepresidente: Jorge Noriega Rengifo. Fiscal: José Antonio Rengifo. Director Técnico: Manuel A. Machado Neves. Secretario: Pedro Enrique Zegarra. Prosecretario: Ernesto Díaz. Tesorero: Melchor Celis. Vocales: Benjamín Rengifo, Gustavo Peláez, Jorge Demetrio Raygada, Juan Daniel Arévalo. Una de las primeras preocupaciones del Directorio fue la devolución del préstamo de S/. 400.00. Para este efecto se planeó la realización de una velada literaria musical gimnástica en el Teatro Alhambra. La Comisión nombrada para su proyecto estaba constituida por Jorge Noriega, Emilio Berger, Lorenzo Lujan Darjón, y Eduardo Noriega, la que a su vez encargó la parte gimnástica a Manuel Burga Soto y Carlos Documet y la parte musical a José Antonio Rengifo y César A. Estrella Ruiz y, para arreglo y ornamentación del teatro a Jesús Menacho y Moisés Darmont. Como la organización imponía reuniones constantes, estas se hacían en el local y a puerta cerrada, cada vez con más confianza. Los capituleros de Álvarez, en constante acecho observaron esta actividad, cada día más franca y descubierta y dieron cuenta a sus jefes. El 18 de setiembre había dentro del local una intensa actividad. La sección de gimnasia preparaba sus ejercicios, las comisiones preparaban el programa y estaban presentes muchos miembros de la directiva y, la sección infantil. La reja de la entrada al corredor sólo estaba entornada, las demás cerradas, tanto porque la situación no estaba completamente calmada, cuanto porque los ensayos que se practicaban, natural era que se hicieran en privado. A las nueve y media de la noche, se presentaron al mando del entonces Mayor de Guardias Juan A. Ostolaza, los oficiales de Policía Absalón Quevedo, Antonio Acurcio y Juan Pages, y los guardias Pío Chávez, Arturo Dos Santos, Domingo Marín y Juan Manuel García y después de un breve cambio de palabras en la puerta, exigiendo 0stolaza la desocupación inmediata del local, penetró al interior con violencia, declarando que allanaba el inmueble para hacerlo desocupar por la fuerza. Nadie trató de huir. Más bien se agruparon en el salón de sesiones, donde Jorge Noriega, después de un breve cambio de opiniones con los presentes, empezó a dictar al secretario Zegarra un Acta donde hacía constar el allanamiento de domicilio, las circunstancias en que fue practicado y la nómina de los presentes, así como los nombres de los agresores. A continuación y una vez firmada el acta por todos los presentes, Ostolaza condujo detenidos a Ladislao Serrón, Pedro Zegarra, Manuel Rosell Santolaya, Baltasar Eguren, y Juan Daniel Arévalo, que fue quien se le enfrentó en la puerta. Los demás y el público que se había aglomerado a la puerta, siguieron como en una manifestación a los detenidos y al piquete de la policía, hasta el local de la Intendencia, donde permanecieron por espacio de dos horas, pues el Subprefecto J. Abel Vega, avisado inmediatamente, se constituyó al cuartel y puso en libertad a los detenidos, increpando acremente, según aseguraron los oyentes, al Mayor de Guardias Ostolaza, por su conducta, que se supo después, fue encaminada por ordenes de la Prefectura. Al día siguiente, citados a la Subprefectura, concurrieron Jorge Noriega y José Antonio Rengifo, y el Subprefecto les transmitió las ordenes de la primera autoridad, mejor dicho las condiciones únicas en que podía continuar subsistiendo el club como institución. Ellas eran: que debía desaparecer el nombre que ostentaba en la fachada o ser cambiado por otro nombre y que sobre lo sucedido no debiera hacerse ninguna reclamación ni menos hacer público los atropello cometidos contra el club.
En la misma noche se reunieron en sesión y acordaron declarar públicamente desechadas dichas condiciones por inaceptables, y reafirmarse en el propósito de entablar acción judicial contra el Mayor de Guardias Ostolaza, por el delito de abuso de autoridad y allanamiento de domicilio, la que se inició el 22 de setiembre, prolongándose el proceso hasta el año 1,925. Estos hechos, que provocaron el repudio de la opinión pública, fueron motivo para que el general Álvarez, tardíamente convencido de que no había de conseguir sus propósitos de servilismo político, suavizara su persecución y ensañamiento. De esta manera en forma paulatina fue recobrando el club su libertad y derecho de reabrir sus puertas, entrando a la actividad deportiva en forma normal. El 19 de octubre se declaró oficialmente en sesión, levantado el receso de la institución, en un Acta que firmaron todos los asistentes. En diciembre se realizó la velada con un nutrido programa y que tuvo un feliz éxito artístico y económico, esto último muy necesario dadas las obligaciones pendientes que tenia el club. Pero el sonado caso de la persecución habría de tener todavía repercusiones internas. Así fue que el 14 de mayo del 24, presentaron Gustavo Peláez, Jorge y Eduardo Noriega una denuncia contra Ladislao Serrón, el presidente, en el sentido de que éste había sido quien había ofrecido al general Álvarez el cambio de nombre del club, cuando viajaron-lo mismo que Mario C. Tejada-juntos en el “Presidente Leguía” Después de un largo y acalorado debate, con todas las formalidades de una acusación fiscal, defensa y hasta banquillo para el acusado, se tuvo que desestimar la acusación por carecer de fundamento, y se declaró absuelto a Serrón. Un análisis sereno de las circunstancias hacía llegar efectivamente a esta conclusión. La acusación no comprobó que fuera cierto lo que se le atribuía a Serrón. Éste afirmaba que dos de los firmantes eran enemigos personales suyos y por último, lo más importante: durante la campaña desatada contra el club, Serrón había demostrado completa unidad de pensamiento y acción contra los procedimientos de la primera autoridad y en ningún momento, ni siquiera había insinuado la aceptación de las exigencias de Álvarez. Quedaba en cambio definida la situación de Mario C. Tejada. Había utilizado la presencia y compañía de Serrón en el viaje del “Presidente Leguía”, para algunos oscuros manejos de fines políticos cerca de Álvarez, y cuyo alejamiento del club se hizo notorio, al par que demostraciones de adhesión hacia Álvarez y su política. De este modo el 17 de mayo, Serrón herido en los mas íntimo de sus sentimientos, presentó renuncia del cargo de presidente del club, reconsiderándose con motivo de esta renuncia, el voto de confianza que se le había otorgado cuando su absolución. En cuanto a Mario C. Tejada y el general Álvarez, a pedido de Eduardo Noriega y por unanimidad fueron expulsados de la institución. Álvarez había sido declarado socio honorario en 1,912, siendo Jefe de la extinguida Región Militar de Iquitos. En la citada fecha se hizo cargo de la presidencia Jorge Noriega Rengifo quien desempeñó el cargo hasta la finalización del periodo. En los primeros días de abril de 1,923 se fundó en Muyuy el Club Sport “Liviano” que fue reconocido por la Federación Sportiva como militante de la Federación, y empezó a actuar alternando con los clubes de Iquitos en el año 1,924.

Tuesday, March 25, 2008

HISTORIA DEL DEPORTE LORETANO-continùa

La primera banda que se disputó fue la de 100 metros planos e intervinieron en la prueba los mejores velocistas de entonces: Julio Silva Bartra, Fernando Carrillo, Adolfo Velásquez, Ramón Cisneros, Emilio Berger y otros, que aunque poco tenían que hacer, eran arrastrados por su entusiasmo, entre ellos, Wenceslao Espinar, Teobaldo Medina, José Ayllón.
Fue la banda más disputada, porque cuando la primera vez la ganó Julio Silva en la Plaza Leoncio Prado, el flamante campeón inmediatamente fue retado por Fernando Carrillo, quien se la arrebató. Adolfo Velásquez a su vez se la arrebató a Carrillo en un nuevo reto que Silva le hizo, pero Carrillo volvió a retarlo volviendo a ganarla; de nuevo Julio Silva retó a Carrillo y volvió a ganarla y así hasta que cuando ya se apagaba el entusiasmo por las nuevas pruebas Julio Silva en un nuevo reto volvió a ganarla. Con la banda de salto largo sucedió lo mismo. Fue disputada tres veces. Los mejores de la especialidad eran, por ser velocistas, Silva, Carrillo, Cisneros y Berger. La banda de salto alto con garrocha la ganó Eduardo Noriega por una sola vez, pues aparte de Berger que no era rival por ser del José Pardo, no había quien pudiera competir con éxito. Ambos saltaban tres metros y si no mejoraban su marca era porque los postes para los saltos sólo tenían esa medida. Y eso, colocando la varilla en el tope del poste. La banda de lanzamiento de la bala la ganó Víctor Abreu Villacorta del Loreto. Ya Estévez Vidal que había sido campeón 8 años estaba en declinación. La de salto alto la ganó Adolfo Vargas que recién entraba en competencias atléticas y era una gran promesa. La de salto alto con trampolín la ganó por una y definitiva vez Francisco Ríos Vásquez, que un año más tarde habría de ser bautizado con el mote de “Chancapierna” La de salto largo con garrocha quedó definitivamente con Teobaldo Medina en una sola competencia, pues el Comité Sportivo se informó que la tal prueba no existía entre las de atletismo. Por eso fue declarado Medina, campeón vitalicio de salto largo con garrocha. Este género de competencias se prolongó hasta el año 1,924, no obstante desaparecer el Comité Sportivo, que fue sustituido por la Federación Sportiva de Loreto. Así concluyó en el José Pardo el periodo institucional, durante el cual, o mejor dicho durante la clandestinidad se realizaron 7 sesiones; las 2 primeras en el mismo local, la del 23 de julio en el del Dos de Mayo, el 5 de agosto en la sastrería “La Industria” del socio Melchor Celis, y la del 19 de octubre en la que se acordó la suspensión del receso del club, creyendo concluida la persecución y, la del 31 del mismo, en el local del club, pero a puertas cerradas ambas. Las sesiones de Directiva fueron cinco. La presión de las autoridades se hizo mas intensa al finalizar el periodo institucional. El General Álvarez con el objeto de desalojar a los inquilinos del inmueble, propuso a su propietario don José Altimira la compra del edificio, pero éste como era socio del club puso a los miembros del Directorio en antecedentes, proponiéndoles a su vez la compra del local, a fin de parar el golpe con que amenazaba el general Álvarez. Una consecuencia lógica del receso del club era la carencia de fondos, de modo que si en circunstancias normales no tenían recursos, en tal situación era imposible que contaran con las doscientas cincuenta libras que Altimira señalaba como precio de venta del local. Esa tremenda dificultad amenazaba hacer más fácil los manejos de Álvarez. Pero, por un lado la audacia de los directivos del club, por otro la simpatía de Altimira y una feliz coincidencia, dieron como resultado que encontrándose un día en el Restaurante “Ambos Mundos” de Julio Queija, Documet, Baltasar Eguren, Eduardo Noriega, Rosell Santolaya, Serrón, Ernesto Díaz y Gustavo Peláez, entró Altimira a almorzar y después de una animada tertulia en la que el tema fue la compra del local, consiguieron que Altimira rebajara el precio a doscientas libras y que el pago se efectuara al firmarse las escrituras, dentro de un plazo de 15 días. Rosell Santolaya que toda su vida fue Notario hizo firmar a Altimira el convenio legalizándolo formalmente. Decía así el documento:

Señor Notario:
Según usted ha oído, he ofrecido aceptar la venta del edificio que ocupa el Athletic Club José Pardo, por la suma de doscientas libras oro, al contado, en el momento de firmarse las escrituras, cuyas doscientas libras deben ser completamente limpias y libres de todo gasto. Expido este en presencia del señor Notario don Manuel Rosell Santolaya, y del presidente del club, y de dos socios más, y doy 15 días de plazo desde este ofrecimiento o compromiso. Iquitos, 19 de julio de 1923.- (f) José Altimira Motta.
Ante mí.- (f) Manuel Rosell Santolaya. Notario.

El negocio fue pactado sin que el club tuviera en su caja un solo centavo, pero lo festejaron con una invitación de Altimira a todos los presentes, que despacharon un suculento almuerzo rociado con “vino generoso”. El presidente Serrón inmediatamente citó a sesión, la que se realizó en el local del Dos de Mayo el 23 de julio y después de largo y sesudo debate acordaron una emisión de bonos de diez soles amortizables por sorteo y si ningún interés. Esa misma noche, con cargo a los bonos que deberían imprimirse pagaron anticipadamente por 50 acciones: Serrón pagó por 15; Juan José Hidalgo y Alfonso Bartra por 10 cada uno; José Chapiama por 5; Eloy Ríos por 3; José Antonio Rengifo, Benjamín Rengifo, Adolfo Velásquez, y Alcibíades Alván por uno cada uno. Se comprometieron y pagaron al día siguiente, Ernesto Díaz, Melchor Celis y Juan B. Tuesta por 10 bonos cada uno; Julio Urrunaga, Manuel Estévez Vidal y Emilio Berger, por 5 cada uno; Sabino Álvarez y Jorge Noriega 3 cada uno; Luís Fernández Nunes, Juan Soarez y Braulio Meza 2 cada uno; y tomaron uno cada uno: Jorge Raygada, Luís Freitas, Carlos B. Saavedra, Juan Teixeira, Julio Olórtegui, Benjamín Dávila, César Hernández, Julio A. Rojas, Leoncio Burga, Telmo Reategui, José Alberto Costa, Arnaldo Collazos, Osorio Vara, Marcial López, Juan Menacho, Augusto Montani, (Sisebuto), y Manuel Arias. Además donaron Ricardo Bahamonde y Juan Daniel Arévalo cinco soles cada uno, José Tantawatay, dos soles y Benito Rojas un sol. Computado lo que se podía disponer se obtuvo la cantidad de un mil trescientos sesenta y tres soles. Inmediatamente se consiguió el ofrecimiento de un préstamo al 12% anual por la cantidad de 600.00 del señor Julio A. Urrunaga, para el caso de no vender pronto los bonos restantes, quedando el problema insignificante de treinta y tres soles , para completar las doscientas libras ¡pues los gastos no se consideraban! porque Rosell Santolaya se ofreció hacer toda la tramitación en forma gratuita, lo que le mereció un voto de aplauso y agradecimiento. La escritura de compraventa la firmaron como propietarios Ladislao Serrón, Jorge Noriega, José Antonio Rengifo, Benjamín Rengifo y Melchor Celis, la que años después, estabilizadas las cosas, se ordenó en forma regular a nombre del Athletic Club José Pardo. Al saber el general Álvarez que el club se le había adelantado en el negocio que creía seguro, porque conocía 1a situación económica que atravesaba el club, redobló su empeño en impedir su funcionamiento normal. En cambio los directivos, dueños del edificio, se sintieron más confiados y empezaron a creer que las amenazas de Álvarez iban perdiendo fuerza. El 12 de agosto se efectuó la elección de cargos para el nuevo periodo que debía instalarse el 1º de setiembre.

ANECDOTARIO

El 4 de julio de 1922, jugando un partido de fútbol entre el José Pardo y el Dos Mayo, en la que se disputaba una Medalla de Oro, obsequiada por José Pellegrino, socio de este último y que perdió José Pardo, se produjo un incidente entre el referee Máximo Vacalla y el capitán del equipo de José Pardo, Manuel Estévez Vidal, debido a que éste se quejaba de los fallos de Vacalla. El carácter impulsivo de Vidal lo dio origen y como Vacalla tampoco lo era menos, por poco se trenzan en la cancha. En la sesión inmediata del José Pardo, Dos de Mayo y Vacalla, en sendos oficios reclamaron de la actitud de Estévez Vidal. La Asamblea les negó autoridad a ambos, para reclamar ante el club; al Dos de Mayo porque el asunto estaba fuera de su competencia y a Vacalla porque su autoridad de árbitro se limitaba a la cancha y al momento del partido; pero, la dirección técnica del club, censuró al capitán Estévez Vidal, considerando su conducta “indigna de un capitán de equipo” y aunque tuvo varios defensores entre ellos Eduardo Noriega y Leoncio Burga, el club le aplicó una amonestación.

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Cuando se empezaron a practicar saltos de altura, no se usaba, y probablemente no se tenía noticia de las varillas de reglamento. Para el caso se utilizaba un cordel, que se ponía tenso entre los postes, mediante un peso en cada extremo. Para hacerlo mas visible a los saltadores, se ponía generalmente un pañuelo, que al mismo tiempo servía para notar si el saltador había tocado el cordel. Pero por lo general cuando este pasaba casi rozándolo, el aire producido movía el pañuelo y… aquí venían las discusiones. Posteriormente alguien ideó un artefacto de metal, una especie de engrampe, que unía el cordel en el centro entre los postes. Era tan sensible que al menor toque debía abrirse separando los cordeles. Pero, (nunca faltaban los peros), sucedía a veces que el tal artefacto no funcionaba aunque lo tocara el saltador y… de nuevo las discusiones… Ya en el año 1,926 empezaron a utilizarse las varillas, pero no de la forma triangular reglamentaria sino cuadrangular. Pero para el caso era igual. Lo importante era que se avanzaba en la práctica del atletismo.

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Los primeros postes para saltos que mandó hacer el José Pardo costaron la irrisoria suma de cinco soles y las primeras garrochas que se usaron dos soles cada una. Eran de “espintana”, una madera liviana, flexible y de gran resistencia. Más tarde, por gestión de Berger, la casa Strassberger importó garrochas reglamentarias de bambú y, por encargo especial del José Pardo una de aluminio, que posteriormente desapareció del Club cuando se olvidó la práctica del atletismo. Alguien aseguró alguna vez que la había visto en Pihuicho Isla, sirviendo de ‘barbacoa” para secar pescado. Esto no es una broma. Me lo dijeron en serio.

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Cuando se realizaron las competencias por las bandas de campeón, tanto creció el entusiasmo y la expectación, que entre los aficionados circulaban los más fantásticos comentarios. Cuando se produjo el primer reto de Carrillo a Silva por la banda de campeón de 100 metros planos, se decía entre los del Loreto, que Carrillo corría en competencia con un caballo especialmente amaestrado por un “aguador” apellidado Arbildo en la Plaza Leoncio Prado. Y agregaban que Carrillo le ganaba al caballo. Los del Pardo decían que Silva se ejercitaba con un ciclista que entraba a toda máquina en la Plaza 28 de Julio por el lado de la avenida Tacna hacia Almirante Grau. Ninguna de las versiones eran ciertas, pero exaltados los ánimos de los hinchas de uno y otro atleta, creaban un clima de suspenso en el ambiente deportivo.

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Cuando se disputó la banda de campeón de salto largo con garrocha, que se hacia apoyando a la carrera la garrocha, saltando desde la marca, montado a caballo y trepando tanto como fuera posible para dar el salto hacia adelante buscando longitud, nadie sabía quién ni cómo puso las reglas para el salto. Loreto tenía dos buenos saltadores de la especialidad: Teobaldo Medina y Fabriciano Vela. Teobaldo Medina conquistó la banda. Pero un día llegó a conocimiento de los miembros de la Federación Sportiva que no existía entre las pruebas atléticas el tal salto largo con garrocha. Como ya había un campeón no tuvieron otra salida que declararlo campeón definitivo. Así resultó Teobaldo Medina campeón de salto largo con garrocha para toda la vida.

Sunday, March 23, 2008

HISTORIA DEL DEPORTE LORETANO-continùa

El 13 de agosto, en un clima de tensión e inquietud que imperaba en todo el ambiente local por la situación política creada por la revolución del capitán Cervantes, se realizó la elección de cargos.


La junta directiva elegida para el periodo 1º de setiembre 1922 al 1º de setiembre de 1923 fue la siguiente: Presidente: Ladislao Serrón Torres- Vicepresidente: Jorge Noriega Rengifo- Fiscal: José Antonio Rengifo- Director Técnico: Eduardo Noriega Rengifo- Secretario: Rómulo Rojas Torres- Prosecretario: Alfonso Bartra- Tesorero: Melchor Celis- Vocales: Juan B. Tuesta, Juan Daniel Arévalo, Salomón Valdivia, Benjamín Rengifo. Instalada la junta directiva en Sesión Solemne como era de ritual, y con asistencia de las delegaciones de los clubes Loreto, Dos de Mayo, y el nuevo Stadium, el club inició sus actividades cursando las circularen de estilo a las autoridades e instituciones locales. El 9 de setiembre el presidente Serrón recibió una carta, al parecer particular, pues no tenía sello ni membrete oficial de ninguna clase, de parte del Sr. Andrés Rodrigues Frías, entonces secretario de la Prefectura. Decía literalmente:
Iquitos, 9 de setiembre de 1,922.
Señor Don Ladislao Serrón.
Ciudad.-
Por encargo del señor general Prefecto, me es grato dirigirme a usted, manifestándole que en días pasados se ha recibido en esta Prefectura una circular de un club titulado “José Pardo”, firmada por Ud., y en la que comunica el cambio de la junta directiva. No debe ocultarse a Ud., que en la época actual, en la que gobierna el país un régimen netamente democrático, contrario a la oligarquía pardista no puede aceptarse la existencia de un club o asociación, cualquiera que ella sea, que funcione ostentando como un reto al estado de cosas establecido, el titulo del jefe de una agrupación de hombres dañinos para el país y odiosos al patriótico gobierno que rige los destinos de la nación; mucho menos cuando como en el caso del club que Ud., preside, son perfectamente conocidas sus inclinaciones políticas, claramente demostradas durante el desgraciado movimiento subversivo de Loreto. Es pues llegado el caso de que se sirva Ud. comunicar a los miembros del club de su presidencia, que el señor general Prefecto, no reconoce ni permitirá el funcionamiento de dicho club mientras no cambie el titulo que ostenta y que motiva la presente. Atentamente. Andrés Rodríguez Frías Secretario de la Prefectura de Loreto.
La reacción que originó la antedicha carta fue insospechada. Serrón convocó a sesión de Asamblea General Extraordinaria a la que concurrieron 52 socios activos y los cuatro equipos de fútbol. Si bien es cierto que muchos socios, entre ellos el mismo presidente Meneleo Meza, fueron simpatizantes de la causa revolucionaria, al igual que muchos de los otros clubes deportivos e instituciones locales, y una gran proporción de la población de Iquitos, esa simpatía fue puramente personal; y en ningún momento la brindaron en nombre del José Pardo. El estandarte obsequiado por los oficiales de Regimiento Cazadores del Oriente Nº 17, sublevado por Cervantes, que había conquistado el José Pardo, y que se exhibía en el Salón de Actos del Club, era un trofeo que no tenia otro significado que el resultado de una victoriosa pugna deportiva; pero, su posesión fue interpretada en forma caprichosa y malintencionada, ya que no puede suponerse que hubo ignorancia de cómo se puso en lucha el indicado trofeo. La realidad fue que el citado Rodrigues Frías, estaba influido por gente que intencionalmente tenía intención de hacer daño a determinados dirigentes del José Pardo, que en alguna forma habían intervenido en la revolución y por otra parte arrastrado por su servilismo y el afán de hacerse grato al régimen constituido, creyó que sería fácil someter a su capricho y humillar a la institución, dando así una prueba de su lealtad al gobierno, y de su prepotencia a la sociedad de Iquitos.
Dado el carácter del asunto la sesión pasó a ser secreta.
Intervinieron en el debate plenos de la más justa indignación todos los socios, y sus intervenciones reflejaron, no sólo el repudio a semejante abuso y demostración de prepotencia, sino el firme propósito de mantener el nombre que los unió durante 16 años en un esfuerzo que jamás tuvo ayuda extraña.
Al declararse en sesión secreta el vocal Juan Daniel Arévalo cerró las puertas y se mantuvo en actitud de vigilancia. Sería largo dar el detalle de un debate que duró tres horas, que por ser importante merecería ser conocido. Nos limitaremos a sintetizar las intervenciones más saltantes. Eduardo Noriega, uno de los primeros en hablar dijo: “Creo que no tenemos porque dar importancia a esa carta que dirige el secretario de la prefectura, pues este señor no tiene ninguna autoridad para hacerlo. Démosle por no recibida”. José Antonio Rengifo dijo: “Considero que esa carta manifiesta una actitud hostil contra toda la juventud deportiva y es una amenaza que hiere la dignidad de quienes, como nosotros, sólo nos preocupamos de formar hombres sanos y fuertes para la defensa de la patria. Soy de opinión de no ceder a la imposición que entraña esa carta, de que el club cambie de nombre”. Eduardo Noriega insistió: “El nombre que se le puso al club es sólo un reconocimiento a la obra del Dr. José Pardo en el departamento de Loreto; ahí está la Instrucción Elemental Obligatoria, las Escuelas Fiscales, la torre inalámbrica, que nos ha hecho mas fácil la comunicación con la capital, los cruceros Grau y Bolognesi, que son el orgullo de nuestra escuadra. Si se ha puesto su nombre a nuestro club no es porque sea político ni porque somos políticos. Seria la más negra ingratitud no reconocer esos beneficios y el más vil gesto de cobardía aceptar la imposición que se nos hace: de que cambiemos de nombre. Insisto en que no se debe tomar en consideración esa carta, pues, su sólo envío ya significa una ofensa a nuestra dignidad institucional”. El presidente Serrón admitió las razones de Eduardo Noriega: “Así es señor Noriega, pero, ateniéndonos al tenor de la carta y aunque sólo este firmada por Rodríguez Frías, en ella dice: “por encargo del señor Prefecto” Esta pues claramente amparada la amenaza que encierra. Creo, por esto, que, aparte de tomar o no en consideración la carta, debemos estar preparados para cualquier emergencia y en salvaguarda de nuestros intereses institucionales y mi propia responsabilidad, hacer un inventario notarial de nuestros útiles, enseres y material deportivo”. Juan Daniel Arévalo, desde su puesto de guardián de la puerta dijo: “Muy bien, señor presidente, pero, para que todos se den cuenta del abuso que se está cometiendo, pido que se de publicidad a la carta en los periódicos”. Manuel Burga Soto habló: “Eso sería imposible señor presidente. No habría periódico que se atreviera a publicarla. Yo se bien como tipógrafo que sólo se publica lo que conviene a las autoridades”. Juan B. Tuesta Quintana protestó: “Pero no vamos a quedarnos en silencio. Aunque no se publique en los periódicos, algo tenemos que hacer para defender nuestros pisoteados derechos”. Jorge Noriega Rengifo, secretario de la Corte Superior de Loreto, con su voz reposada de relator dijo: “La carta del señor Frías hace cargos a la institución, por lo tanto lo conveniente es que se pase un oficio al señor Prefecto, haciéndole recordar,(porque él debe saberlo, pues ha sido socio honorario nuestro), que esta institución no es de carácter político, haciéndole conocer cual ha sido su labor deportiva en 16 años de vida; haciéndole saber que nunca recibió ni menos pidió ayuda alguna a ninguna autoridad; haciéndole saber que cuando la Patria necesitó defender sus fronteras, han sido los del Athletic los primeros en presentarse a los cuarteles en 1910…” Fue interrumpido por una salva de aplausos. Su hermano Eduardo más combativo, volvió a intervenir: “Yo no estoy de acuerdo con el señor Noriega en dirigirnos al Prefecto. Opino que debemos esperar a que los hechos se produzcan. Que clausuren el club, por la fuerza si se atreven. No debemos dar ninguna explicación ni dirigir ningún oficio”. José Antonio Rengifo salió en su apoyo: “Yo pienso como el señor Eduardo Noriega. Basta que se trate de una imposición para que sea hiriente y ofensiva. En consecuencia debemos demostrar firmeza y hacernos tenaces en la lucha. Que el público vea que la juventud del José Pardo no se inmuta con amenazas y jamás aceptará una humillación o un vejamen de naturaleza tal como el cambiar su nombre. Un nombre que día a día va ganando en gloria y prestigio”.
Jorge Noriega insistió: “Todo lo que dice el señor Rengifo está bien, pero según se desprende del tenor de la carta, el Prefecto no permitirá el funcionamiento del club mientras no se le cambie el nombre, y tendremos que llegar, con seguridad, al doloroso caso de ver clausurada nuestra querida institución, porque jamás aceptaremos el cambio de nombre. Por esto es preferible que lo clausuremos por nuestra propia voluntad, tomando las precauciones recomendadas por el señor presidente, para no correr el riesgo de perder lo que hemos ganado en 16 años de lucha”. El debate fue amplio y sereno. Los asambleístas, opinando en uno u otro sentido, llegaron por votación al acuerdo final: 1. Antes de quitar nada del nombre del club, esperar a que la autoridad consume el delito de clausurarlo por la fuerza. 2. Salvar las existencias, debiendo encargarse del archivo de la institución el presidente, de los premios y biblioteca el tesorero, de los muebles enseres y gimnasio el señor Ernesto Díaz, debiendo efectuarse esto, después de recibida la respuesta del oficio al Prefecto. 3. Se designó a la señora Rosa de Celis, esposa del tesorero, depositaria del terreno de propiedad del club, lo que se hará por Escritura Pública, reconociéndola como única propietaria. 4. La comisión encargada de redactar el oficio al Prefecto estaría compuesta por los señores Jorge Noriega, Ladislao Serrón y José Antonio Rengifo. 5. La comisión encargada de entregarlo personalmente por los señores Manuel A. Machado Neves, José Antonio Rengifo y Ernesto Díaz. Al aprobarse estos acuerdos Alfonso Bartra hizo constar: “Yo fui contrario a la declaración del receso institucional porque como hombres libres y honorables, estamos en pleno goce de nuestros derechos cívicos y hubiera preferido que el abuso de la fuerza se ensañara contra el club y contra nosotros, para resistir, no como una muestra de rebeldía sino como una demostración de firmeza; pero, como atleta disciplinado, acato la resolución de la mayoría y pido que al cerrar nuestras puertas sea izada nuestra bandera al tope y así se mantenga hasta que sean reconquistados nuestros derechos ultrajados. Nadie se atreverá a bajarla y ella será el centinela de nuestros invencibles ideales”. El oficio estaba concebido en los siguientes términos:
Señor General Prefecto del Departamento.
El suscrito, en su carácter de presidente de esta Institución, ha recibido el día de ayer, del señor Andrés Rodríguez Frías, actual secretario de la Prefectura, una nota fechada el 9 de setiembre, cuya copia adjunto. En vista de la expresada nota, la Junta General en sesión celebrada anoche, acordó que me dirija a Ud. para manifestarle, que si bien es cierto que esta institución lleva el nombre de José Pardo, también es cierto que el grupo de estudiantes que la fundaron en el año 1,906, niños en ese entonces, no tuvieron absolutamente en cuenta los visos políticos que investía ese señor. Ese grupo, ahora convertido en juventud consciente, con sanos propósitos de cooperar al desarrollo moral y material de este departamento y con él al engrandecimiento de la patria, continua sosteniendo esa feliz idea, no con miras políticas, sino como recuerdo a la era de progreso que ha iniciado la organización de la instrucción obligatoria y por mantener latente la gratitud de un pueblo, virtudes que forman la tradición nacional y ejemplo de las generaciones futuras. En cuanto a las inclinaciones políticas que se nos quiere atribuir en la referida nota, sin entrar en ninguna clase de detalles, manifestaré a Ud., que ello es inexacto, porque de los reglamentos que nos rigen, los que también le adjunto, se informará Ud., de los fines para que se fundó esta institución: el desarrollo físico y moral de la juventud para transformarle en hombres capaces de defender la integridad nacional con la seguridad del éxito. No creo demás expresar a Ud., señor General Prefecto, que durante los dieciséis años de existencia que tiene este Centro, se han sucedido periodos de gobierno, sin que hayamos merecido de ninguno de ellos la menor atención; prueba evidente de que la institución que presido nunca se ha ocupado de cosas ajenas a los fines para que se fundó. Me permito también recordar a Ud., que muchas veces, cuando usted Coronel, asistía a las fiestas, que una alegre juventud, pletórica de esperanzas y libre de prejuicios de razón de estado, daba en su local y en los campos deportivos, nos felicitaba en todas ellas por nuestros triunfos, revelando su entusiasmo, por lo que tuvimos el honor de considerarlo como uno de nuestras socios honorarios; y no creemos que hoy, pasados mas de tres lustros, vea en la existencia de una institución netamente deportiva, “un reto al estado de cosas establecido”
Esperando que el presente oficio tenga el honor de merecer respuesta, ofrezco a Ud. las consideraciones de mi particular deferencia.
Dios guarde a usted,
Ladislao Serrón.

La comisión encargada de entregar el oficio evacuó el siguiente informe:

Señor Presidente del Athletic Club José Pardo.
Los que suscriben, socios activos del club etc. etc. manifiestan: 1. Que entrevistados con el señor General Álvarez, se le expresó el objeto de la visita y entregó el oficio y un ejemplar de nuestros estatutos, en que estaban marcados con rojo los artículos 1, 2, 4, 12, 13, 18, 21, 53, y el decreto que pone en vigencia los mencionados Estatutos. 2. Que tan luego vio el General Álvarez el sello del club en los Estatutos y sobre el oficio, con el nombre del Dr. José Pardo, devolvió ambas cosas, ofreciendo quedarse con el oficio para conservarlo en su archivo particular, pero sin dar respuesta y recordándonos que ya en otra ocasión manifestó que no acepta relaciones con el club por el nombre que tiene. 3. Que nos sugirió la conveniencia de cambiar de nombre al club, con lo cual, según él, tendríamos todo el apoyo oficial que necesitáramos. 4. Que reconoce que tenemos el derecho de asociarnos sin alterar el orden público, pero, dadas las actuales circunstancias políticas, lanzábamos un reto al gobierno sosteniendo el nombre de la persona que tanto daño hace al país. 5. Que el club no podrá tomar parte en fiestas públicas u oficiales a las que él asista, ni manifestaciones de ningún género, porque en el acto impedirá que se realicen las primeras y mandará disolver las otras. 6. Que tampoco vería con agrado que estas gestiones se lleven a la prensa y que si tal sucediera nos desmentiría oficialmente. Combatidas una por una todas las objeciones del general Álvarez, nos repitió que él no autorizaba ni facultaba nada y terminó suplicándonos que no se vuelva a molestarlo más con este mismo tema. En conclusión nuestra misión ha sido cumplida, aunque sin el éxito que era de esperar y por tal motivo corresponde al club tomar la determinación que mas convenga a sus interesas. Es cuanto tenemos que informar en cumplimiento de nuestro deber. Iquitos, 16 de setiembre de 1,922 José Antonio Rengifo, Ernesto Díaz, Manuel A. Machado.

Teniendo en cuenta la acordado en sesión del 11 de setiembre la junta directiva declaró en receso el club y el mismo 16 de setiembre se envió una nota al Secretario de la Prefectura que decía:
Señor Secretario de la Prefectura.
Don Andrés Rodríguez Frías.
Ciudad.
Cumplo con comunicar a Ud., que el club de mi presidencia en sesión de Junta Directiva celebrada ayer acordó declarar en receso esta Institución. Esperando que la presente merezca respuesta soy de Ud., atto. y S. S. L. Serrón.
Al día siguiente, 17 de setiembre, un oficial de Policía con dos guardias que en aquel tiempo eran llamados “cachacos”, procedió a pasar cal sobre el nombre del club que ostentaba la fachada. Pero, en la misma noche un grupo de socios, capitaneados por Documet y Rosell Santolaya, mientras unos permanecían al acecho en ambas esquinas otros se dispusieron a lavar la cal, que aun estaba fresca; pero, apenas iniciado el trabajo se desató una fuerte lluvia que se encargó de hacerlo, apareciendo en el nuevo día el nombre con más claridad aún que antes. Juan Larrañaga, relojero, adicto al régimen, que tenía su establecimiento en el frente, al abrir sus puertas por la mañana se dio cuenta de la inutilidad del trabajo de los guardias e informó de inmediato a sus jefes. Dos días después otra cuadrilla encabezada esta vez por el capitulero Froilán Piro Armas, en la noche, como avergonzados de su acción, empleó alquitrán para borrar el nombre. Pero parecía estar de Dios que no tuvieran éxito. Un grupo de socios entre ellos Gustavo Peláez, Juan Daniel Arévalo, Manuel Burga Soto, Rosell Santolaya, recibieron el aviso, estando en una fiesta que hacía don Antonio Bardalez, pasada ya la medianoche. Inmediatamente salieron y al llegar frente al local se dieron con la ingrata vista de una mancha negra en lugar del nombre del club. Ya se habían sumado al grupo, Documet, Leoncio Burga, Eduardo Noriega, y algunos más cuyos nombres no hemos podido conseguir. Introduciéndose por la reja que entonces servía de puerta al gimnasio, extrajeron la escalera de trepar. En la casa de un carpintero vecino consiguieron un par de botellas de aguarrás y despedazando un pantalón que Eduardo Noriega guardaba en el gimnasio para utilizarlo en los ejercicios, procedieron a limpiar el alquitrán, haciendo turnos y vigilando las bocacalles para evitar sorpresas.
En aquel tiempo, Iquitos, pasadas las doce de la noche casi no era transitado, y en cuanto a vigilancia, mejor que hoy, sólo se oía de tiempo en tiempo el triste silbido de los pitos, que inmóviles los “cachacos” en cada cuatro o cinco esquinas para no dormirse, hacían sonar.
No fueron pues interrumpidos nuestros héroes en la fatigosa tarea.
Al amanecer todos estaban sucios y la fachada limpia como si nada hubiera sucedido, pues, hasta se dieron maña, para que el negro de las letras quedara mas nítido aprovechando el mismo alquitrán que los esbirros de Piro Armas habían utilizado, y cal, que alguien proveyó. Este nuevo contraste a los planes de borrar el nombre del club, parece que desalentó a los interesados en desaparecerlo, pues nada por el estilo volvió a intentar. El 21 de setiembre de 1,922 el Dos de Mayo, en sesión presidida por Sebastián Castro López, acordó por unanimidad, ceder su local, para el desarrollo de todas sus actividades institucionales y, declaró a todos los socios del José Pardo Socios Honorarios del Dos de Mayo. Este gesto de confraternidad deportiva, que ponía de relieve la nobleza de sentimientos de los dirigentes y socios del Dos de Mayo, era la mejor prueba de que por encima de las mezquinas diferencias personales y la rivalidad y pugna que a veces llegaba al campo institucional, afloraba incontenible y en el momento propicio la lealtad y nobleza que son características del deportista. En el acta de protesta suscrita por todos los socios, al declarar en receso el club, se comprometían a “guardar íntegros los sentimientos de compañerismo y amor institucional, demostrados en el pago en privado de las cuotas mensuales, para que al reabrirlo el día que las libertades constitucionales brillaran se dedicaran con más ahínco al fomento del deporte”, y hacían constar que “jamás solicitaron ni menos recibieron por influencias políticas apoyo alguno, desarrollando sus actividades sólo a expensas de los esfuerzos de los asociados, que siempre tuvieron a mengua pedir algo a los poderes públicos”. Se designó al capitán Arístides Pachas, delegado especial ante el Supremo Gobierno, para que personalmente gestionara ante el Presidente Augusto B. Leguía la reapertura del club. Pachas aceptó la designación titulándola “honrosa” y manifestando que no omitiría esfuerzo alguno para llevarlo a feliz término. Una comisión redactó un folleto que se tituló “EXPOSICION QUE EL ATHLETIC CLUB JOSE PARDO DE IQUITOS HACE A LA JUVENTUD DEPORTIVA DEL PERU”, texto en el que se hacía historia documentada de todos los acontecimientos y estaba firmado por todos los miembros de la directiva. La actividad deportiva local se había estancado. El Loreto, el Dos de Mayo y el recientemente fundado Stadium parecían estar a la expectativa de los acontecimientos y sus actividades se reducían a ejercicios y entrenamientos, especialmente entre equipos infantiles, cuya actividad se había despertado en el año 1,921. No obstante la situación de incertidumbre que atravesaba el club, al crearse en diciembre de 1,922 el Comité Sportivo, organismo que estaba destinado a controlar las competencias entre los clubes y regular las relaciones institucionales, el nuevo organismo se dirigió al José Pardo solicitando su reconocimiento, ayuda económica para su sostenimiento y designación de sus delegados. El club acordó aportar su ayuda económica con la cuota señalada: tres soles mensuales y designó a Eduardo Noriega su primer delegado, lo mismo que a Ladislao Serrón y Baltasar Eguren miembros del jurado en los futuros campeonatos. El Comité Sportivo no pudo ejercer de inmediato su probable beneficiosa influencia debido a los trastornos que originaron el receso institucional en las actividades deportivas y su organización era lenta y casi en espera de la solución del caso del José Pardo. En el José Pardo algunos socios clandestinamente se introducían al local, vigilado por la policía, pero quienes lo vigilaban hacían de la vista gorda, dentro practicaban gimnasia y otros ejercicios, las demás reuniones las hacían en la Plaza 28 de Julio. Por estas circunstancias y con el fin de que las actividades atléticas tuvieran vida el Comité Sportivo organizó competencias individuales de atletismo en que se disputaban la supremacía en las diferentes especialidades los atletas de los cuatro clubes, para conquistar el titulo y la banda de campeón. Estas bandas fueron especialmente confeccionadas, todas de seda, con sus respectivas leyendas bordadas y eran otorgadas al vencedor en el mismo terreno de lucha después de terminada la prueba. Las condiciones de la competencia fueron tales que la posesión de la banda no era definitiva, pues quien ganaba banda y titulo, podía ser retado de inmediato por su rival o rivales, y tenía que poner ambos en lucha en la fecha más próxima.
La primera banda que se disputó fue la de 100 metros planos e intervinieron en la prueba los mejores velocistas de entonces: Julio Silva Bartra, Fernando Carrillo, Adolfo Velásquez, Ramón Cisneros, Emilio Berger y otros.

Monday, March 17, 2008

HISTORIA DEL DEPORTE LORETANO-continùa

La junta directiva, elegida el 14 de agosto, que en una sencilla sesión solemne se instaló y juramentó, debido a la situación política provocada por la revolución que el 5 de agosto encabezó el capitán Guillermo Cervantes, estaba constituida así: Presidente: Meneleo Meza López Vicepresidente: Alfonso Bartra del Águila Fiscal: Jorge Noriega Rengifo Director Técnico: Emilio Berger Tesorero: Antonino Suárez Secretario: Doroteo Arévalo Prosecretario: Francisco Silva Bartra Vocales: Julio G. Vergara Demetrio Gómez Meza Julio Ruiz Rengifo Moisés Darmont Las actividades empezaron a desarrollarse normalmente no obstante el clima de intranquilidad que se vivía por la revolución. De este modo el 2 de setiembre se recibió una comunicación del C. S. Loreto en la que invitaba a participar en un torneo disputándose un estandarte obsequiado a dicho club para ese efecto, por la oficialidad del Regimiento Cazadores de Oriente Nº 17 y que lo remitió el Jefe Político y Militar capitán Guillermo Cervantes. Las bases, discutidas por los delegados de los tres clubes, estipulaban que se debía jugar anualmente el 30 de agosto, en celebración del aniversario del Loreto, sin que fuera su posesión definitiva para el vencedor, pero admitiendo toda la organización de parte del Loreto. Solo se modificó la fecha de la disputa debido al atraso de la organización, aprobándose la realización anual del torneo el 24 de setiembre, festejando el día de la Patrona de las Armas del Perú: la Virgen de las Mercedes. El Loreto como organizador del certamen, puso pruebas de su especialidad, no obstante el triunfo correspondió nuevamente al José Pardo, sin que faltaran durante el desarrollo los incidentes y reclamos de parte del Loreto, que como organizador todo lo había preparado para su victoria. Estos acontecimientos trajeron como consecuencia la vuelta a la pugna y el encono entre ambos clubes, cuya culminación se produjo el 12 de octubre, en una actuación que el Loreto preparó en su local celebrando el Día de la Raza, de reciente institución y a la que concurrieron especialmente invitadas las autoridades locales y delegaciones de los clubes. La del José Pardo estaba conformada por Alfonso Bartra, Moisés Darmont, Antonino Suárez y Doroteo Arévalo. En la indicada actuación, en una conferencia sustentada por Daniel Guzmán Cepeda, socio del Loreto, éste se expresó en términos infelices y ofensivos refiriéndose a la organización del José Pardo y a su trayectoria deportiva; dando la impresión de hacerlo en forma premeditada. La delegación del Pardo se retiró del acto y de inmediato solicitó una sesión extraordinaria, en la que puso el hecho en conocimiento de la Asamblea y después de un largo debate se acordó remitir al presidente del Loreto, ing. Arenas Loayza un oficio en el que se le comunicaba que se hacía responsable a la institución de su presidencia de la ofensa inferida y se le solicitaba la desautorización de las palabras de Guzmán Cepeda, por parte del Club Loreto. Arenas Loayza se negó, después de leer el oficio, a recibirlo y no admitió la responsabilidad del hecho, pero, mediante las gestiones personales del presidente, admitió reunir a la Asamblea del Loreto para discutir el asunto. Como este ofrecimiento se dilatara más de lo prudencial, en una nueva sesión el José Pardo, acordó por unanimidad: extrañar la actitud de Arenas Loayza, que propendía a fomentar la discordia, cortar las relaciones con el Loreto y dar a publicidad estos acuerdos y los motivos. En estas circunstancias, y estando la causa de la revolución completamente perdida, varios dirigentes del Pardo, que se habían identificado con ella, se vieron obligados a abandonar la ciudad para no ser apresados por las tropas gobiernistas.
Entre ellos Meneleo Meza, Juan B. Rojas Torres, Doroteo Arévalo, provocando un receso, no sólo en las actividades institucionales sino también locales, pues muchos otros dirigentes de los otros clubes estaban en la misma situación.
De este modo, el 3 de abril se eligió una nueva junta directiva que debería terminar el periodo institucional, con el siguiente resultado: Presidente: Emilio Berger Vicepresidente: José Antonio Rengifo Fiscal: Jorge Noriega Rengifo Director Técnico: Manuel A. Machado Neves Secretario: Francisco Silva BartraTesorero: Melchor Celis Prosecretario: Luís S. De Freitas Vocales: Manuel Burga Soto Manuel Arias Pedro Bazán
José N. Pinedo En los primeros meses del año 1,922 se supo que en el vapor “Presidente Leguía”, que en junio debía arribar al puerto de Iquitos, viajaba el general Gerardo Álvarez, que en 1,911 había sido designado socio honorario del club. Con este motivo, y teniendo conocimiento de que había sido nombrado prefecto del departamento, se acordó dirigirle a Leticia un radiograma de bienvenida y se designó una comisión para saludarlo a su llegada. El 16 de junio la comisión compuesta por José Antonio Rengifo, Eduardo Noriega, Alfonso Bartra y Melchor Celis, concurrió a la prefectura. Fueron recibidos con toda cordialidad y el general Álvarez manifestó vivo interés por la marcha de la institución, sobre todo en su aspecto deportivo; encargó saludos para todos los socios y pidió que le señalaran una fecha para visitar el club. Para tal objeto, el 25 de junio organizaron una fiesta en la que fue recibido y la invitación se hizo extensiva al aviador César Lecca y a la doctora Miguelina Acosta Cárdenas. Recalcamos estos acontecimientos y los antecedentes que le rodearon para hacer notar, cómo un año después, habrían de variar radicalmente los sentimientos del general con respecto al club, que suponemos fundadamente, tuvieron la influencia de personas mal intencionadas, que obraban inspiradas por la adulación y el servilismo de la época. Al acercarse la celebración de las fiestas patrias, las relaciones entre José Pardo y Loreto seguían tirantes, circunstancia por la que no podía realizarse ningún evento deportivo. Pero no era posible que Iquitos se quedara sin fiesta deportiva. No se sabe cómo surgió la idea de organizar un campeonato entre extranjeros y nacionales, pero lo cierto es que, con gran demostración de interés y entusiasmo resultó una realidad. Ya muchos años antes, como hemos narrado, se habían efectuado partidos de fútbol. Esta vez la competencia fue de más amplitud: atletismo, levantamiento de pesas, y otras pruebas de la época. La competencia fue interesante e intervinieron en ella todos los atletas conocidos y muchos extranjeros que nunca lo habían hecho. Cabe destacar entre éstos a Ernesto Hoffmann, que obtuvo el primer puesto en levantamiento de pesas, Juan Pinto Jr., Manuel Pinto Catalao, Bernardo Cerdeira, Rodrigo Pinto, que conformaron el equipo de nudo de guerra. Fueron tres días de fiesta. El partido de fútbol se jugó el 29 y quedaron tablas a O, y el 30 como último número del programa se disputó el nudo de guerra. Fue un final emocionante; entre la ardorosa gritería del público que alentaba a ambos equipos. Eran éstos tan parejos que no cedían una pulgada de terreno; la tarde había oscurecido; el público, incontenible se había acercado tanto a la línea de los equipos, que algunos ayudaban a los equipistas o ponían el pie para que no resbalaran; la algarabía era ensordecedora…en fin, después de larga brega, el referee, un militar, dio por terminada la prueba declarándola empate. Pero los nacionales y sus hinchas decían que habían ganado, y los extranjeros y los suyos aseguraban lo mismo, agregando que aquellos habían sido ayudados por los espectadores. Terminada la prueba empezó la discusión. Cerdeira, un español alto como un poste y recio como una tranca, que había hecho de “tronco”, es decir cabeza del equipo, grita con voz de trueno: ¡Los hemos jalado a todos, con todos los que los ayudaron! ¡Repitamos la prueba y yo solo soy capaz de arrastrarlos a todos! ¡Ustedes saben que 100 kilos para mí no es peso!...
Con el nudo de guerra concluía el campeonato. Nunca se supo si lo habían ganado los nacionales o los extranjeros. Quien ganó fue el público que tuvo un espectáculo muy emotivo y de gratos recuerdos. Y allí quizá en la misma Plaza 28 de julio, surgió la idea de formar otro club deportivo que poco después, los extranjeros residentes fundaron con el nombre de Stadium.
Casi al finalizar el periodo institucional, creyendo los dirigentes del Loreto, que a pesar de las circunstancias y procedencia del “Estandarte” se podría cumplir con las bases y actualizar su disputa en un nuevo torneo trataron de acortar el distanciamiento con el José Pardo, que éste mantenía firme, con la aprobación velada del Dos de Mayo. En oficios sucesivos pidió la reconciliación y vuelta a la armonía, hasta que el 3 de agosto de 1922, accedieron los del Pardo a concurrir a una reunión de delegados, en la que los suyos debían exigir una amplia satisfacción por escrito: eludir cualquier trato mientras no se obtuvieran las satisfacciones exigidas y no aceptar la representación de Fabio Casado Ramírez en ninguna actuación, tomándose en cuenta la descalificación de que había sido objeto de parte del Dr. Matías Ferradas, cuando este ejercía la presidencia de un jurado en un campeonato, cuyo documento se guardaba en la Municipalidad. La reunión se llevó a cabo con feliz éxito. Se firmó un acta que implicaba una amplia satisfacción para el José Pardo y como culminación de tan importante acontecimiento aceptaron la invitación del Loreto para participar en un torneo celebrando su aniversario. Pero la disputa del “Estandarte” ya no fue posible, pues revivir el recuerdo del Regimiento Cazadores del Oriente Nº l7, que se había sublevado contra Leguía, habría sido un desafío al Gobierno, y tuvo que olvidarse dejando el trofeo, definitivamente en el José Pardo, donde su presencia, no obstante ser la enseña nacional, quisieron personas interesadas en hacer daño, señalar como una prueba de que el club era contrario al régimen, por tener la inscripción:
EL REGIMIENTO CAZADORES DEL ORIENTE Nº 17 A los Clubs deportivos de Loreto
El 3 de Agosto de 1,922, en una de las sesiones preliminares a la elección de cargos, el presidente Emilio Berger, presentó renuncia irrevocable del cargo y de la institución, hecho que causó profunda consternación en los socios, quienes reconocían los méritos de Berger a través de nueve años de intensa actividad. El motivo principal de la renuncia fue la fundación del Club Stadium, en los primeros días de agosto de 1,922, que agrupó a los extranjeros e hijos de extranjeros radicados en esta ciudad, con fines sociales y deportivos. Iniciativa surgida a raíz del campeonato entre extranjeros y nacionales, originando el retiro de todos los deportistas extranjeros de los clubes deportivos, algunos en forma temporal, o mas bien accidental, porque estaban tan profundamente ligados por sus sentimientos a los clubes que pertenecían, que se les hacía duro apartarse de ellos, y otros en forma figurada
porque seguían perteneciendo como socios y alguna vez se les creó problemas por no atinar a decidirse por cual de los clubes debía participar. Berger no pudo sustraerse a esta corriente y estamos seguros que con gran pena renunció a la institución. Después de un largo debate en el que coincidieron todas las opiniones en el sentido de no aceptar la renuncia, pese a ser irrevocable, se designó una comisión que se encargaría de solicitar el retiro del documento y hacerle presente el agradecimiento del club y de los socios. En la misma sesión y a pedido de José Chapiama, se acordó por unanimidad colocar las fotografías de Berger y Meneleo Meza en el Salón de Actos del Club, a uno y otro lado de la del Presidente Honorario Vitalicio Dr. José Pardo Barreda. No obstante la gestión indicada, Berger se retiró temporalmente del club volviendo paulatinamente después a la vida activa, arrastrado por el cariño que hacia la institución sentía y a la que en realidad, dio lo mejor de sus energías, dinamismo e iniciativas. El Club Stadium en sus primeros meses de vida tuvo intensa actividad. Crearon equipos infantiles; terceros, segundos y primeros de fútbol y fomentó el atletismo. Su local se instaló en la primera cuadra del jirón Sargento Lores, que entonces se llamaba Pastaza, posteriormente Av. Leguía y todo parecía que fuera a marchar mejor con la aparición de un nuevo competidor en la arena deportiva. Pero tuvo poca vida debido a las limitaciones que se trataron de imponer tanto en su vida interna como en el aspecto deportivo, llegando al error cierta vez, de poner en la puerta de su local un aviso prohibiendo la entrada a los que no fueran socios o extranjeros, que le mereció una fulminante censura en un articulo publicado por Rafael Ángel Vidurrizaga.

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Aparte de los campeonatos indicados, José Pardo jugó 27 partidos de fútbol con su primer equipo; de los cuales ganó 13, perdió 11 y empató 3. Con Loreto ganó 4, perdió 4 y empató 2. Con Dos de Mayo ganó 9, perdió 6 y empató 1. La nota deslucida de esta época la constituyó el afán de seducción a los jugadores y atletas, que por su rendimiento eran puntales. Una de los mas sonados casos fue el que protagonizó Adolfo Vargas Arias, a quien se le acusó en el José Pardo de “haberse vendido” al Loreto, motivo por el cual según las versiones callejeras, en principio se negó a jugar un partido en que se disputaba un premio de 50 soles y al fin lo hizo con tan mala suerte, como para confirmar las versiones callejeras, que se perdió el partido, dando origen a una investigación interna. La aclaración final fue que Loreto o algunos interesados habían difundido la especie de que Vargas había firmado solicitud de ingreso a dicho club, con el propósito de crearle una situación de desconfianza de parte de sus compañeros de equipo y directivos. En el curso de la investigación y por una carta suscrita por Vargas, dirigida al club y en la que negaba haber firmado solicitud ni compromiso alguno, quedó demostrado que todo había sido una maniobra para provocar la expulsión de Vargas. Se comprobó también la existencia de una serie de gestiones encaminadas a seducir a otros jugadores con ofertas de dinero. Julio Silva Bartra fue uno de los tentados y el motivo estaba muy claro. En organización ya el Campeonato por el Centenario Nacional, buscaba la forma de contar con elementos que aportaran puntos para conquistarlo. Por todo esto se estableció en el Pardo el juramento de los socios. Y los primeros socios deportistas que en ceremonia especial lo prestaron ofreciendo fidelidad fueron: Rafael y Julio Silva Bartra, Humberto y Miguel Villacorta Rodríguez, Miguel Villacorta Alalá, Carlos Núñez “El elefante”, Ramón Cisneros, Nicolás Flores Pezo, Policarpo Rengifo, Adolfo Vargas, José Villacorta, Augusto y Pablo Carmelo Montalván, Anselmo Tello Del Águila; Benjamín Dávila, Miguel Insapillo, Carlos Reynaud, José Ríos, Enrique Ramos Eguren, Ramón Gutiérrez y Francisco López del Castillo. La estadística anual de socios al finalizar el año institucional daba el resultado siguiente: Socios activos presentes 213; ausentes 103, en receso 15; pasados a otros clubes 10; Socios honorarios 14; Socios auxiliares 150. En total, hasta entonces el José Pardo había tenido 519 socios en las distintas categorías. Un fallecimiento enlutó los colores del Club. Armindo Noriega, Sargento de la Comisión de Sport y destacado deportista, rindió su vida como miembro de un Instituto Armado, cumpliendo su misión de centinela en la Prefectura del departamento, la madrugada del 5 de agosto de 1921, enfrentándose a las fuerzas de la revolución encabezadas por el capitán Guillermo Cervantes. El Dr. Mauro Delgado Morey resaltando su acción, como una consecuencia de la escuela de civismo, disciplina y cumplimiento del deber, que eran los fundamentos de la constitución del José Pardo, dijo en una actuación; “Ir con los atletas es ir seguro”...

ANECDOTARIO

La bala para los lanzamientos, en los dichosos tiempos de la infancia del atletismo en Iquitos, era una enorme esfera de hierro fundido de 10 kilos de peso. La manera de lanzarla; tomando impulso a la carrera, en una distancia de 15 a 20 metros, según le acomodara al lanzador hasta llegar a la marca de la que se lanzaba. En estas condiciones pasaban de los 9 metros: Máximo Aguirre, Arturo Robinson, Pedro Gardín, Emilio Wesche, Leoncio Burga Pippo y un negro, mitad inglés, mitad peruano que pertenecía al Loreto, apodado “Káiser”. Manuel Estévez Vidal llegó a lanzarla 12.15 metros, y fue 8 años campeón de la especialidad. Podía lanzar una vez y marcharse a su casa con la seguridad de que no tendría que hacerlo la segunda.
Y hablando de Estévez Vidal. También fue campeón de 100 metros planos con 11 4/5, con todo lo “achaplinado” de sus andares. Disputando esta prueba en la Copa Esponda entraron cinco del Pardo en los primeros puestos: Vidal a la cabeza, seguido de Berger, Julio Silva, Ramón Cisneros, y Adolfo Velásquez. En sexto lugar entró Manuel Alves del Loreto más conocido por “Manduca”. Teobaldo Medina cruzando a Silva, Cisneros y Velásquez logró dejarlos en tercero, cuarto y quinto lugar, pero Carrillo, para quien estaba preparada la maniobra no pudo aprovecharla porque se entorpecieron entre ambos, sacando la ventaja Berger.
En ese tiempo, a excepción de Berger nadie corría con zapatillas de púas ni lo hacían en pista, ni menos con andariveles o marcas.
Carrillo, Silva y Cisneros empezaban a dar ya muestras de sus grandes condiciones atléticas.

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Y seguimos con Estévez Vidal. Cuando jugaba fútbol eran características suyas aún en los entrenamientos la impetuosidad y el arrojo. Y era tal la velocidad que imprimía a su carrera que “¡Ay de aquel que se interpusiera en su camino!”- Un día se le ocurrió a Miguel Villacorta recibirle el “cuerpazo” encogiéndose lo más que pudo para soportar el impacto. El resultado fue un choque tan violento que Vidal rodó por el grass, y Miguel, no obstante estar preparado, quedó como desarticulado. Vidal reponiéndose furioso y con los puños en alto se le acercó a Miguel y le gritó: … (la interjección no se puede poner) ¡Ese es un banquillo! ¡Si vuelves a hacerlo te voy a romper las muelas¡

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Era el tiempo de los hermanos Noriega, Marciano Meza, Benjamín Dávila, Adolfo Vargas … y también conformaba el equipo, Alejandro Sinti Calampa, un interior inteligente y habilidoso que por lo general era quien armaba las jugadas y servía las bolas a los otros delanteros, quienes hacían el gol. Todos, copiando las expresiones de Miguel Villacorta, muy dado a ridiculizar a sus compañeros y a cuantos oía, al hacer los elogios del hábil interior, decían: ¡El cholo Sinti ha jugado hoy como nunca!... ¡El cholo Sinti, “cabreando” a los dos backs, mandó la bola a la medida para cabecearla…! ¡ Si no es por el cholo Sinti no logramos hacer ni un gol!, y así por el estilo. Un día recibieran todos los jugadores del equipo y muchos socios y dirigentes una tarjeta personal que había mandado confeccionar Sinti, que decía:

ALEJANDRO SINTI CALAMPA
Socio del “Athletic Club José Pardo”

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Oscar López era más conocido como “Bola de Betún”. Perteneció siempre al Loreto; jugaba fútbol, pero, era mejor atleta y uno de los mejores en salto alto con garrocha y trampolín. Era uno de los competidores que con José Ayllón del Dos de Mayo, seguían invariablemente con 2.80 o 2.90 m. en salto alto con garrocha a Eduardo Noriega y Emilio Berger que saltaban 3 metros. No le decían “Bola de betún” porque fuera negro. Sucedió que alumnos del Centro Escolar Nº 161, en cierta oportunidad intervinieron en una velada literario-musical-artística, muy comunes en ese tiempo y entre ellos actuó Oscar López, desempeñando el papel de un negrito, cuyo nombre en escena era “Bola de betún”. Por supuesto que para desempeñar su papel se pinto la cara de negro. Terminó la función y desde entonces se quedó con el mote, con el que siempre fue más conocido.

Monday, March 03, 2008

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Pero de todos modos, con gol o sin el, ganando o perdiendo el partido, el Pardo ganaba el torneo, de suerte que sin ninguna objeción les fue entregada la “Juana de Arco” en el mismo campo de juego. Por cierto que fue Salas quien la recibió.
El último fue el torneo por la “Copa Esponda” que empezó a organizarse en setiembre de 1920, las bases se abrieron y discurrieron al 15 de mayo de 1921 y empezó el 24 de julio en conmemoración del Centenario de la Independencia Nacional, alternativamente en las Plazas 28 de Julio y Leoncio Prado.
Interesante es hacer notar que este fue el campeonato que más pruebas tuvo, entre los realizados hasta entonces. Dieciséis de atletismo, carreras con banderas y partidos de fútbol, y por primera vez base-ball.
El base-ball no era practicado más que por el Loreto que aparentemente era el único club que tenía equipo para este deporte. De este modo al abrirse las bases y formularse el programa para cada fecha y darse con el hecho de que el Pardo y Dos de Mayo no podían presentar equipo, se estableció que el 26 de julio el Loreto debía hacer una exhibición de tal deporte, adjudicándose los 22 puntos que suponía su victoria sobre los equipos del José Pardo y Dos de Mayo.
Tal exhibición no se realizó pero el jurado le adjudicó los 22 puntos.
Esta, según los interesados y los que están acostumbrados a especular ciertas apariencias con el propósito de hacer daño, fue una maniobra del Loreto, lo que no se confirmó, ni podía ser así, ya que las bases remitidas por el comandante Esponda, fueron abiertas en presencia de los delegados de los tres clubes, el 15 de mayo y fueron aceptadas por todos.
Sucedió que la colonia china, en su deseo de colaborar en el éxito de los festejos del Centenario de la Independencia Nacional, en el lapso de los trámites de la aprobación de las bases del Campeonato hizo confeccionar una tarjeta de Oro de 12 por 8 centímetros y sesenta gramos de peso, con leyenda grabada alusiva al acontecimiento y un magnifico diploma que agregó a la Copa Esponda, como trofeo para el vencedor del torneo. Los entendidos han calculado el valor de la tarjeta, en aquel tiempo, en un mil quinientos soles, de allí que el interés por ganar el torneo llegara al máximo, haciendo de el una de las competencias mas reñidas y emotivas de la historia deportiva de Loreto. He aquí el programa del Campeonato por la “Copa Esponda”:
24 de Julio en la Plaza Leoncio Prado: 8 de la mañana.
Carrera de 2 millas. (Se dio 10 vueltas al perímetro de la cancha de fútbol) 2 a 5 de la tarde.
Salto alto “con viada” Carrera de 400 metros. (una vuelta a la cancha de fútbol) Salto largo “con garrocha”. Fútbol de eliminación entre Loreto y Dos de Mayo, determinados por sorteo. 25 de julio. Plaza 28 de Julio: 2 a 5 de la tarde.
Salto alto con garrocha. Salto triple Carrera de 210 metros Lanzamiento de la bola de cricket. Salto largo “sin viada” Carrera con banderas entre los tres clubes. 26 de Julio. Plaza Leoncio Prado. 8 de la mañana. Carrera de una milla. (5 vueltas a la cancha). 2 a 5 de la tarde. Salto largo “con viada”. Lanzamiento de la bala Carrera Gymkana. 400 metros. Base Ball , exhibición por los socios del Loreto 27 de Julio. Plaza 28 de Julio: 2 a 5 de la tarde .Salto alto “con trampolín” Carrera 100 metros. Salto alto “sin viada” Carrera de 110 metros con obstáculos. Partido final de fútbol entre el vencedor del 24, Loreto, y el José Pardo. Fueron cuatro días de intensa actividad deportiva, de la qué gozó el público, que en cantidad numerosa acudía a uno y otro escenario, y el resultado fue la confirmación del poderío deportivo del José Pardo, que venció holgadamente, acumulando 102 puntos, contra 58 de Loreto y 42 del Dos de Mayo. Ni aun sumados los puntos de ambos igualaban a los del José Pardo. El equipo de fútbol que disputó el campeonato estaba constituido en el orden de formación de la siguiente manera: José Vallejos, Pedro Villacorta, Jorge Noriega, Eduardo Noriega, Benjamín Dávila, José Chapiama, Alejandro Sinti, Miguel Villacorta, Adolfo Vargas, Vicente Salas y Emilio Berger. Además de estos, muchos de los cuales intervinieron en las pruebas atléticas, tomaron parte los siguientes: Julio Silva Bartra, Carlos Núñez, César La Torre, Jorge Loayza, Vicente Reyes, Manuel Estévez Vidal, Ramón Cisneros, Ventura Salazar, Juan Casanave, Arturo Pereira, José Villacorta José Nicolás Flores Pezo, Julio G. Vergara. Una fotografía, en la que se exhiben los dos trofeos y están los participantes, el entonces presidente Meza y vicepresidente Vásquez Jares hace perdurable el recuerdo de tan magnifica victoria, que simboliza una época que culmina en fecha memorable: El Centenario de la Independencia Nacional. Lástima y grande por cierto es que la “Tarjeta de Oro” haya desaparecido en 1,960. Una mano criminal aprovechando el descuido, falta de vigilancia o quién sabe, abusando de la confianza que se le dispensaba, se introdujo en la secretaría del Club, rompió el vidrio del cuadro y arrancó la “Tarjeta de Oro”. Ni siquiera dejó intacto el diploma, que mucho valía como recuerdo y testimonio de ese apogeo del deporte.
Pero, ahí queda como muda acusación, la fotografía con los jugadores que la conquistaron, como custodiándola, cual si presintieran su destino, y cuyas protestas cuando a su conocimiento llegó tan sensible desaparición, fueron desoídas con frescura digna de una época de decadencia, corrupción y desvergüenza.