Thursday, July 17, 2008

HISTORIA DEL DEPORTE LORETANO

APUNTE BIOGRAFICO DE MENELEO MEZA LOPEZ
FUNDADOR DEL A.C. JOSE PARDO

El tiempo transcurrido desde la muerte del fundador del A. C. José Pardo ha hecho olvidar la influencia que ha tenido en la institución; muchos no la conocen y otros tienen una idea desfigurada por la envidia, el egoísmo y maledicencia.
Pero sus vidas estuvieron firmemente ligadas desde que se fundó el club hasta su muerte, así como a la de todas las instituciones a que perteneció porque fue hombre que se daba íntegro a una causa, sin dobleces ni condiciones.
No se puede valorar cuanto hizo por esas instituciones, pero, ha quedado constancia de esa efectiva colaboración y desprendimiento en sus obras y acciones; desde las escuelas hasta los clubes; desde los alumnos hasta los amigos, pero no porque buscara figuración o publicidad.
Su apariencia y trato fue siempre tan sencilla, que se hizo característica suya el uniforme kaki, el sombrero de anchas alas del Boy Scout, la ceñuda sonrisa, raro contraste de acogedora autoridad, y el efusivo apretón de manos, saludo simbólico del Scout.
La Brigada de Boy Scouts del Oriente Peruano fue otra de las creaciones de Meneleo, que aun habiendo sido la única, habría sido suficiente para poner de relieve su personalidad creadora y organizadora, y que solo vivió mientras vivió Meneleo. Como si ambas vidas hubieran estado alentadas por una sola alma.
Otra de las instituciones que recibió gran impulso merced a su espíritu dinámico fue el Club de Tiro Alayza y Paz Soldán. Gracias a sus activas gestiones se organizó y fue él mismo quien trabajó intensamente para su reconocimiento oficial como Club de Tiro Iquitos Nº 136.
Y por si fuera poco también fue el fundador de la Escuela Nocturna Municipal, que funcionaba en el Centro Escolar Nº 167 hasta su muerte, dando así muestra de que su preocupación no se concretaba a la enseñanza oficial sino se hacía extensiva también al elemento obrero del que siempre fue fervoroso defensor.
Tenia una ansiedad de superación que desde muy niño se manifestó en la inquietud por adquirir conocimientos. No obstante haber pasado sus primeros años en el corazón de la selva, pues nació en un fundo llamado Aguaytía en el río Curaray, en esas adversas circunstancias adquirió sus primeros conocimientos y al ser traído a Iquitos por primera vez, por su padres, David Meza Arévalo y Librada López de Meza, cuando ya tenia 12 años, los conocimientos que demostró le dieron opción a ser matriculado en el segundo año de la Escuela Municipal de Primer Grado, llamada la Casa Blanca dirigida por D. Arnaldo Reategui. De allí pasó a la Escuela Municipal de Segundo Grado, dirigida por D. Enrique Saberbein y por último al Centro Escolar Nº 161, dirigida por el recordado educador Don Valentín Floriano Herencia, donde terminó su instrucción primaria.
El señor Herencia, reconociendo la vocación de Meneleo le aconsejó que siguiera la carrera del Magisterio. No fue vano el consejo ni menos equivocado. Dos años después, con las mas altas notas, obtuvo el titulo de Preceptor Auxiliar de Primer Grado, más tarde con nuevo examen el de Auxiliar de Segundo Grado, y posteriormente tras otro brillante examen le fue concedido el titulo de Preceptor Principal de Segundo Grado, titulo que entonces muy pocos ostentaban.
Nació el 22 de julio de 1,888, llegó a Iquitos en 1,900 y en 1,907, a los 19 años tenía hecha su carrera. Pero continuó sus estudios en la Escuela Comercial, fundada en 1,907, bajo la dirección del Dr. Víctor Ramírez del Villar, al mismo tiempo que tenia a su cargo la sección preparatoria del plantel.
El 1º de setiembre de 1,906 fundó en compañía de 19 amigos mas, entre ellos 14 alumnos del Centro Escolar, el Athletic Club José Pardo, institución que fue el primero en presidir, lo hizo en 12 periodos mas, y cuya organización fue durante toda su vida su constante preocupación, llegando en muchas oportunidades hasta a hacerse responsable de las deudas contraídas en gastos de administración, pagos de arriendos etc., con su propio peculio.
Conocía bien todos los deportes, pero el único que practicaba con bastante éxito era el tiro, pues su físico un tanto endeble no le favorecía, pero en cambio tenia un ascendiente asombroso y un espíritu de organización y dotes de mando que lo hacían insustituible.
Era de las iniciativas que convencían y los ejemplos que arrastraban. Su oratoria enervante tenía adjetivos que en sus ideas cobraban nueva y mayor expresión que despertaban el entusiasmo, sobre todo cuando los temas eran patrióticos.
Y en el aula, en la calle, en el campo de deportes, y más aún en los desfiles del Athletic, de la Brigada de Boy Scouts o del Club de Tiro que con marcialidad encabezaba, su entusiasmo era contagioso.
La música marcial era su preferida. Su ambiente siempre fue de cornetas y tambores y aunque hacía con toda soltura vida social, no era muy afecto a ella. Fue él quien ideó el toque de llamada de los Boy Scouts a cuyas notas acudían estos a su cuartel que era la propia casa de Meneleo. Cuartel, Comandancia, Arsenal.
Pudo también haber sido un brillante militar. Y lo demostró cuando pasado el conflicto con el Ecuador en 1,910 y al licenciamiento del batallón de Voluntarios de Loreto en que se alistó, en los siete meses que estuvo en campaña obtuvo los galones de sargento.
En 1,913, poco más de un año después de la muerte del señor Herencia, fue ascendido a la Dirección del Centro Escolar Nº 161. Fue entonces cuando organizó el Batallón Escolar, del que se guardan recuerdos de su brillante organización, que habría de tener gran influencia en el ambiente escolar, pues todos los otros planteles, siguiendo el ejemplo se organizaron militarmente.
Por la salud de su madre, en 1,914 se vio obligado a viajar a la capital y lo hizo por el Canal de Panamá. Allí se vio forzado a permanecer varios meses, pues la primera conflagración mundial lo sorprendió en Lima e hizo imposible su regreso por la misma vía. Pero aprovechó su tiempo para estudiar la organización de una nueva institución: el Scoutismo, creado en 1,908 por el general inglés Sir Robert Baden Powell, como fruto de sus experiencias en la guerra del Transvaal; y a su regreso en 1,915, fundó en Iquitos la Brigada de Boy Scouts del Oriente Peruano.
Y desde entonces fue la institución de su gran cariño, con la que se encarnó casi, dedicando sus energías y atención a la causa de los Boy Scouts. Su famoso código, sus costumbres, sus virtudes, su preparación fueron la razón de su vida. Y él un ejemplo viviente.
En 1,918 fue reemplazado en la dirección del Centro Escolar Nº 161 por el joven normalista Noé Humberto Pérez. Su despedida fue para los alumnos una sencilla demostración de la nobleza de sentimientos que poseía. Reunidos en el patio de honor del desaparecido “Donativo del Comercio a la ciudad de Iquitos”, todos los alumnos del plantel escucharon las palabras de su director que al despedirse les pedía “respeto confianza, obediencia y sinceridad hacia todos los maestros, porque estos eran responsables de su educación y formación moral, ante sus padres, ante la sociedad y ante la Patria”.
Al terminar dijo: “ He de sentirme orgulloso donde esté, sabiendo que el nuevo director y todos los maestros no tienen ninguna queja de ustedes, porque será reconocer que mis enseñanzas y consejos han caído en tierra fecunda, y son ustedes dignos alumnos míos”.
Poco después cayó enfermo. Quizá inf1uyó en esto factores sentimentales, su despojo de la dirección del Centro Escolar por un lado, por otro, se había casado algún tiempo antes con Isabel Solsol, hermana de sus dilectos amigos Toribio y Benigno Solsol Eguren, parece que no hubo entendimiento en el nuevo hogar y se produjo una separación que posiblemente afectó el ánimo lleno de esperanzas de Meza.
Corta y penosa fue la enfermedad y al restablecerse se trasladó a Contamana donde recobró completamente la salud. Allí su inquietud latente le hizo fundar el Athletic Club Contamana y durante su permanencia impulsó el deporte en forma que favoreció su difusión y progreso en la provincia de Ucayali.
A su regreso en 1,919, fue nombrado director de la Escuela Elemental Nº 1601, en cuyo cargo estuvo hasta la revolución de Cervantes. En esta época fue promovido nuevamente a la Dirección del Centro Escolar Nº 161, por haber fusionado en uno los centros 161 y 167, de reciente creación este último.
Pasada la revolución fue nombrado director de la Escuela Elemental Nº 1603 en la que permaneció hasta el año 1,929, en que fue nombrado director del Centro Escolar Nº 167, que había sido creado nuevamente debido a sus gestiones y esfuerzos.
Simultáneamente desempeñaba la dirección de la Escuela Nocturna Municipal que funcionaba en el mismo centro 167. Tenía entonces 42 años. Estaba en la plenitud de sus facultades físicas y mentales. Era cuando todos esperaban de su experiencia mayor aporte a la labor educadora del Magisterio. Estaba considerado como uno de los más destacados propulsores de la educación y de deporte en la región.
Dos años después de haber asumido la dirección del centro 167, cayó nuevamente enfermo. Es muy posible que la estrechez de sus medios económicos fuera el obstáculo mayor para su restablecimiento; y no era hombre que solicitara favores para sí mismo. Todos sabemos cómo eran de miserables los sueldos de los antiguos maestros.
Y así siguió agravándose en su enfermedad, hasta que llegó el momento en que la ciencia nada pudo hacer y el desenlace se hizo inevitable.
Recién entonces todos miraron la situación de Meza y se encontraron ante una cruda y desconcertante realidad. Como todos los maestros de antes, no solo no tenía bienes de ninguna clase sino que estaba completamente pobre. Su mísero sueldo solo le dio para vivir con sacrificio, y con sacrificio mismo regar su generosidad en instituciones, iniciativas, amigos y alumnos.
Recién entonces se pensó en beneficios, colectas y obsequios. Se hicieron con grande éxito, pero, seguía regando su generosidad, pues casi todo lo que se recaudó fue destinado a sus sobrinos, que mientras vivió dependieron de él.
Es seguro que de haber mediado su voluntad no habría permitido que se hiciera algo en su favor. Su verticalidad sin ostentación y su sencilla dignidad no lo habrían aceptado. Y no porque alguna vez le hubieran sobrado comodidades, sino porque había nacido para ser generoso y no para ser socorrido.
Y murió como había vivido. Entre sus amigos. Entre los maestros, colegas y compañeros de labor. Entre sus alumnos. Dentro de la Escuela, que toda su vida fue su único hogar.
Su último aliento, exhalado entre los muros de la Escuela que hoy lleva su nombre, es probable que fuera acompañado, en pensamiento, de las ultimas palabras que dirigió al despedirse de sus alumnos del Centro Escolar Nº 161:
“He de sentirme orgulloso donde esté, sabiendo que el nuevo director y todos los maestros, no tienen queja de ustedes, porque será reconocer que mis enseñanzas y consejos han caído en tierra fecunda y que son ustedes dignos alumnos míos”...
Sus honras fúnebres fueron una brillante expresión de reconocimiento a sus méritos. Se alzaron tres capillas ardientes. Una en el Centro Escolar donde falleció, donde fueron velados sus restos hasta las doce de la noche del día del deceso: 9 de julio de 1,931; a esa hora, en imponente cortejo, el féretro fue trasladado al local del José Pardo, donde esperaba otra capilla.
Allí dentro de sus ámbitos silenciosos por la solemnidad, entre sus queridos trofeos, permaneció hasta el día siguiente, en el que a las 5 de la tarde, otro cortejo lo trasladó al local de la Municipalidad.
Rodeaba el féretro una guardia constante de piquetes de Boy Scouts, deportistas uniformados de todos los clubes, miembros de las instituciones deportivas, colegas del magisterio, alumnos y ex alumnos suyos.
El 11 de julio se realizó el sepelio. Numeroso público se hizo presente. Todo el trayecto se hizo a pie, y el féretro en hombros de destacadas personalidades del mundo oficial y social. Iba cubierto con el gallardete del A.C. José Pardo y todas las delegaciones de las instituciones con sus banderas con negros crespones.
Se había establecido un ceremonial y orden para las oraciones fúnebres, pero, en el cementerio hubo que salirse de él, pues muchos caballeros arrastrados por su sentimiento hicieron oír su palabra en sentidas improvisaciones.
Tal fue la vida del fundador del A. C. José Pardo. Un verdadero ejemplo de desinterés y sacrificio, de ansia constante de superación y ferviente deseo de servir a la Patria. Le faltaba pocos días para cumplir 43 años y ellos fueron una constante colaboración a todas las actividades que significaban progreso en la educación, y en ningún momento, aun ante los mas duros reveses, se sintió desalentado.
Tuvo sus detractores, como lo tuvieron y tienen todos los hombres que no pueden ser igualados; fruto de la envidia que provocan y de la impotencia de ser superados en su obra, en su ejemplo o en su personalidad. Pero toda esa maledicencia, siempre se estrelló contra su firmeza y altura, como se estrellan y deshacen las olas contra las rocas de las orillas. Su vida y su obra ha dejado en varias generaciones un recuerdo perdurable como paladín del Magisterio, propulsor del deporte loretano y creador del Scutismo en el Oriente, su nombre, su busto y un himno en un plantel escolar, y un club: el Athletic Club José Pardo, que algo sabrá hacer para resaltarlo como merece.