Monday, November 27, 2006

Historia del deporte...continúa

En el certamen organizado para el año nuevo y que se realizó el 3 de enero de 1915, se negaron a intervenir Loreto y Dos de Mayo. Para evitar un fracaso total de la fiesta deportiva, José Pardo como organizador incluyó números de gimnasia en aparatos y el fútbol se realizó entre el primer y segundo equipos.
Miguel Villacorta que había retornado al José Pardo hizo una buena marca en los 100 metros planos, y Leoncio Burga acumuló el mayor puntaje en las pruebas atléticas.
En febrero fracasó otro proyecto de certamen, que siempre como organizador, el Pardo lo convirtió en pruebas de natación en Itaya. Este interés mereció elogiosos comentarios de los diarios locales.
Como el presidente Meza no cediera en su empeño de solucionar el conflicto, al fin en febrero llegaron a la conclusión de designar un jurado de honor, para que este decidiera la cuestión. Fueron designados los doctores Manuel Delgado Morey, Francisco Lanatta y don Juan B. Rojas Torres por el José Pardo, y por el Dos de Mayo don Abel Toledo Ocampo, D.N. Doxon y E. Bresani, y este jurado adoptó la formula planteada por el Pardo: jugar dos partidos por un trofeo que se llamaría la Copa de Honor, y sería obsequiada por el perdedor.
El primer partido se realizó el 4 de abril y lo gano Dos de Mayo por 2 a 1.
Dos de Mayo tenía el siguiente equipo:
Manuel I. Gutiérrez, Arturo Robinson, Arturo Ruiz, Manuel Iglesias Barcia, Sidney Dodson, Bruno Ríos, José Reyes Flores, Francisco Paredes, Alfredo del Britto, Julián Sías y Eliseo Borbor.
José Pardo formó así:
Manuel de Almeida, Miguel Zumaeta, Rómulo Espinar, Jorge Noriega, Leoncio Burga, Pedro Villacorta, Tobías Vásquez, José Chapiama, Antonio Enrique Velásquez, Emilio Berger y Jorge Raygada.
El segundo partido se jugó el domingo siguiente y volvió a ganar Dos de Mayo por 3 a 0. El árbitro fue Carlos Donayre, y al iniciarse el segundo tiempo, Berger, capitán del José Pardo, abandonó la cancha en señal de protesta, según él por la parcialidad del árbitro.
He aquí párrafos de una carta de Berger, publicada en “El Oriente” en la que trataba de explicar al público su conducta:
“El respeto que merece el público me obliga a explicar el motivo de mi salida del campo. Obedece única y exclusivamente a la manifiesta parcialidad del árbitro Sr. Donayre, quien prescindiendo de toda ordenanza del reglamento de fútbol obedecía ciegamente lo que el capitán del Dos de Mayo, Sr. Dodson le ordenaba, sin poner de su parte algo de energía y mucho menos de independencia. Acostumbrado por educación y raza a proceder con libertad y sujeto siempre a las reglas del bien, no he podido permanecer por más tiempo a órdenes de un juez, que obedece a una de las partes. Así toda lucha es inútil. He sido vencido, lo reconozco; pero debe tenerse en cuenta que el juez estuvo en contra de mi equipo y por tanto mi abandono del campo era la única muda protesta a las faltas del “umpire” (sic) ”
Sidney G. Dodson, capitán del Dos de Mayo, contestó la carta, diciendo en términos un tanto burlones, que había perdido el Athletic, porque sus jugadores no conocían el reglamento, que sus dirigentes tampoco sabían enseñarlos y estaban equivocados en la forma como se hacía el sport.
Cabe hacer notar que en junio, es decir dos meses después a la renuncia de Dodson, fue elegido Carlos G. Donayre capitán del equipo del Dos de Mayo.
La Copa de Honor fue entregada por el José Pardo al Dos de Mayo, pero parece que el incidente reavivó el antagonismo o se lo tomó como pretexto. Loreto llegó al extremo de no concurrir a un “desafío”, el 20 de junio, después de haberlo aceptado.
Puede que esta actitud fuera tomada en represalia por no haber aceptado el José Pardo intervenir en un certamen organizado por Dos de Mayo y que debía realizarse el 3 de mayo en Morona Cocha, proponiendo realizarla en las fiestas patrias y poniendo como trofeo un estandarte.
Dicho certamen, que ya estaba en proyecto con los auspicios del Concejo Provincial y con la intervención de los tres clubes, para realizarlo en la Plaza 28 de julio, no tuvo la asistencia de Loreto ni Dos de Mayo, porque a última hora, Dos de Mayo por la presión de su presidente Zumaeta propuso que se realizara otro en Morona Cocha el 29 de julio. Meza hizo algunas concesiones, incluso intervenir el 29 en Morona Cocha, pero aún así ni Loreto ni Dos de Mayo concurrieron al del día 28.
El día 29, pues, jugó Dos de Mayo con José Pardo en Morona Cocha conforme a su ofrecimiento, perdiendo por 2 a 1. Dos de Mayo jugó reforzado con Manuel Dávila y Julio Murrieta, jugadores del Loreto, que como hemos visto, antes pertenecieron al Pardo. Nótese que hacia todo esfuerzo para mantenerse invicto, sobre todo con José Pardo, ya que el 17 de junio había perdido por primera vez frente a Loreto, por 3 a 1 en la Plaza 28 de julio.
Los diarios locales que seguían todas las actividades de los clubes, censuraron acremente las actitudes descritas líneas arriba, que las titularon “entorpecedoras del sport”, y el Concejo Provincial otorgó al José Pardo una medalla de oro por el gesto de haber contribuido con la fiesta deportiva a dar mayor lucimiento a las fiestas patrias.
En el Loreto las actividades internas estaban dando sus frutos. El 12 de enero de 1915 aprobaron sus primeros estatutos y el 5 de marzo aprobaron la iniciación de las gestiones para la petición del terreno denominado Leoncio Prado, entre las calles Loreto, Potro, Yavarí y Noria, donde hoy está el Jardín de la infancia N° 157.
No hubo el menor obstáculo para la cesión y Loreto, por la acción de sus mismos socios y el concurso de los vecinos que veían con simpatía la iniciativa del club, pronto la convirtieron en una magnífica cancha de fútbol.
Fue inaugurada el 30 de agosto de 1915, con una fiesta deportiva, que incluía además de diversas pruebas de atletismo el infalible nudo de guerra y el fútbol.
Dada la tirantez de las relaciones con el José Pardo, sólo fue invitado al evento el Dos de Mayo, arguyendo como fundamento, que era una “correspondencia” a la invitación de este club, al festival organizado en Morona Cocha el 28 de julio.
Al finalizar el periodo institucional tanto del José Pardo como del Loreto, estaba latente el litigio por la posesión de la Plaza 28 de julio entre los tres clubes. Ya hemos visto que para su administración y cuidado, desde 1910, el Concejo Provincial lo había cedido al José Pardo, por haberlo puesto en condiciones de ser utilizado; era evidente pues, que su ocupación para simples partidos en los domingos, teniendo ambos sus respectivos campos, sólo tenía el propósito de obstaculizar las actividades del Pardo.
La situación llegó a su clímax cuando por influencia del Inspector de espectáculos Juan Olórtegui Villacorta, el Concejo resolvió que la Plaza podía ser utilizada indiscriminadamente por cualquier club.
José Pardo solicitó reconsideración de tal disposición, que era un perjuicio para sus intereses y actividades por los gastos que en la preparación de terreno había hecho, y no tener otro sitio para sus ejercicios. Recalcaba en su pedido de reconsideración que el informe de Olórtegui era tendencioso y sólo tenía explicación en el rencor que guardaba el citado inspector por las reclamaciones de que fue objeto con motivo de la desaparición de la Copa de Plata que el Sport Club había ganado en 1908 y que no quiso entregar en 1909.
En julio de 1915 instaló el José Pardo, en una casa alquilada al señor Noé Rojas al borde occidental de la Plaza 28 de julio, un gimnasio con los aparatos que ya tenía el club y otros que obsequió Berger; a pesar de todos estos esfuerzos, no le faltaban detractores. Tal la campaña de algunos articulistas, que a las claras se veía que eran militantes de los otros clubes, como “Viejo Forward” “Clubman” y “Macarrón”. Los escritos, encaminados a desprestigiar al José Pardo, trataban no siquiera de empañar sus victorias sino que las negaban en absoluto. Aseguraba uno de ellos que nunca había ganado un certamen deportivo, ni a los ingleses ni al Sport Club, ni a Loreto, ni a Dos de Mayo, a pesar de ser este último una institución joven. “Que todo lo que sabían hacer eran payasadas de circo en barras y argollas o ganarse entre ellos mismos para otorgarse medallas y diplomas”
“Walking Stick”, que evidentemente era por lo menos simpatizante del José Pardo, refutaba a los otros, demostrando con estadísticas la campaña deportiva del club desde su fundación y que toda la actividad y progreso de la época se le debía, siendo una muestra de ello, que todos los clubes se hubieran gestado por la influencia del Pardo o la de sus socios, muchos de los cuales eran los creadores de esa nueva corriente que estaba en el camino equivocado, contrario a los principios que guiaba a los del Pardo.
La prensa neutral se lamentaba de tal situación, que la consideraba “como un gesto de inexplicable soberbia del Dos de Mayo y Loreto, que a nada conducía” y hacía un llamamiento a sus personeros especialmente, para que, “dejando de lado esa discrepancia marcharan de común acuerdo, con lo que se obtendría mayores progresos”.
El 8 de agosto se realizó la elección de cargos para la nueva directiva del José Pardo. Como el local, domicilio de Berger, no reunía condiciones para una actuación del carácter solemne y concurrido de la juramentación, una comisión nombrada especialmente, alquiló el local, que ocupa Correos y Telecomunicaciones, en la esquina Arica y Morona.
Loreto en su elección reeligió a Hibraín A. Vásquez en la presidencia y nuevos socios ingresaron para darle más positiva organización. Entre ellos Luis García Torres, que muy pronto habría de llegar a la presidencia, Héctor Espinar, que años más tarde fuera consagrado con el cariñoso mote de “El papi”, Manuel Moreno, Luis A. Lucioni, Julio Garro, Ernesto Bernales, Carlos del Águila, Lucio Alcalá, y como supernumerarios: Wenceslao Espinar, Oswaldo Lecca del Águila, Cristian Paredes, Francisco y Benjamín de la Puente, Alejandro Vela Estrella, Adolfo Venegas, Héctor A. Morey, Vicente Cornejo, Juan B. Eyzaguirre, Manuel Bartra, Julio Silva Ross, Telmo Reátegui, Daniel Guzmán Cepeda, y otros.
En Dos de Mayo seguía como presidente Roberto Zumaeta, que fue reelegido para el año 1916.
He aquí la relación de socios ingresados al José Pardo en el año de 1915:
Alcibíades Alván, Eliseo Cabrera, César la Torre, Claudio Mori, Sabino Álvarez, Francisco Nuñez, Carlos Pereira, Carlos A. Ruiz, Toribio Solsol E., Mariano Valderrama, Carlos T. García Peza, Camilo Pursals, Octavio Naar B., Rafael Delgado Acosta, Guillermo de Souza R. Ramón Lebre Bernales, Purificación Ramírez, José Ruiz, Esteban Vela, Juan Alván del Castillo, Julio C. Gonzáles, Manuel Ramírez, Eduardo Raygada, José del Águila, Leoncio Gómez, Pedro Lozano, Sesostrides Aliaga, Ezequiel Cobos, Julio Olórtegui, Juan Pablo Quiñe, Benjamín Rengifo, Miguel Villacorta A., Julio A. Zorrilla, Rómulo Ramírez, Diego Silva Ross, Carlos Hemerith, Lizardo Luján Yarame, Guillermo Pezo Ramírez, Santiago Vela, Alejandro Angulo Peña, Pedro Urrunaga, Enrique Coral Rodríguez, Andrés Jarama Tuesta, Rafael Araujo Acosta, Belisario Casanova, Alfonso del Castillo, Alberto Brunner Sánchez, Marcial Góngora, Marcial Macedo, Eliseo Arévalo Panduro, Román B. García, José Natividad Pinedo, Rodolfo Rojas, Bartolomé Romagnoli, Carlos Villarán, Cecilio Ibarra, Moisés Calla, Emilio Vizcarra, César Cárdenas, Manuel del Águila Ross, Manuel A. Estrella, Emilio Díaz, Enrique Reátegui Álvarez, Andrés Gutiérrez, Francisco Salas, Marcial del Castillo, César A. Estrella Ruiz, Miguel Chuquipiondo y Eulogio Pérez.

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