Monday, May 15, 2006

A LA MEMORIA DE EMILIO BERGER SIGEL

UN DEPORTISTA ALEMAN CON ALMA DE LORETANO
Su sólo nombre es una evocación de gloriosas jornadas deportivas. En una época en que el palpitar del músculo, la caballerosidad en las canchas y la lealtad en la lucha era la característica de una generación que ha dejado una estela de recuerdos y una senda digna de seguir.
Emilio Berger partió en el viaje sin retorno lejos de la tierra que tanto amó y a la que brindó lo mejor de su juventud, donde al llegar muy joven quedó prisionero de la hospitalidad y simpatía de su gente; donde derrochó su entusiasmo y fogosidad, donde enraizó forjando el hogar definitivo.
Encontró en la juventud que formaba el Athletic Club José Pardo el núcleo deportivo de sus simpatías y se unió a ellos en el pujante empeño de llevar la divisa celeste a la meta que se habían trazado los gestores del decano; a la conquista de los hoy legendarios trofeos; a la cimentación del prestigio y la gloria.
Su trayectoria tuvo la brillantez del sol y la claridad de la luz no sólo en las pistas, en las canchas y gimnasios, sino también en la dirigencia del deporte; no sólo dentro del José Pardo, sino en los principales organismos rectores donde siempre ocupó destacados puestos, con brillante desempeño y felices iniciativas.
Hombre correcto, de frías y firmes determinaciones, de calmadas y justas soluciones, supo en más de una oportunidad, desde el llano o desde el comando, salvar en el Athletic, situaciones de difícil solución, con la persuasión e influencia de su sajona raza.
Emilio Berger, deportista múltiple, fue el campeón de la divisa celeste que en cien pruebas atléticas paseó triunfal sus colores en las pistas de la Plaza 28 de julio, la Plaza Leoncio Prado, el Bembón y Morona Cocha, y puso en 1926 la marca máxima loretana en salto con garrocha, que nadie, a excepción de Eduardo Noriega ha logrado igualar hasta hoy: 3 metros.
Gimnasta, atleta, futbolista; de la presidencia, literalmente, bajaba al llano para la disputa de las competencias y exhibiciones deportivas. Cuántos recuerdan cierto aniversario del Athletic, en el que la ceremonia de la transmisión de mando se realizara en la tarde, y Berger, luego de juramentarse como presidente, se despojara de su vestido de calle y poniéndose en traje de gimnasta con la banda presidencial encabezara la exhibición gimnástica de la sección a su cargo. Fue él quien introdujo la gimnasia con aparatos en los clubes deportivos de Iquitos.
Cuántos también lo recordarán formando el equipo de fútbol que en brillantes partidos rompieran el mito de invencibilidad que ostentaba el Dos de Mayo para ganar dos trofeos memorables: la estatua “La Gloria” y la “Copa Israel”, con Julio Vergara, Tobías Vásquez, Ramón Herrera, los hermanos Noriega, Leoncio Burga, José Chapiama, Pedro Villacorta, Víctor Revilla, Antonio Enrique Velásquez.
Cuántos recordarán que esas 100 sillas que lucen en el espaldar las siglas del José Pardo, fueron fruto de su iniciativa, realización de su esfuerzo.
Cinco veces presidente, supo imprimir a la economía del club una recuperación que transformaba el pauperismo en holgada posición, y en una de ellas hizo posible la primera reconstrucción del local.
El fragor de la vida lo arrastró con motivo de la segunda guerra mundial a un campo de concentración.
Una prueba del cariño a esta tierra y a su club, a sus amigos y colegas deportistas, se refleja en las palabras de agradecimiento que pronunciara en el banquete que le ofreciera el José Pardo a su vuelta del exilio. Berger dijo: “En las largas noches, en que aterido no podía conciliar el sueño; acosado por el temor, la incertidumbre y la pena por los familiares, me consolaba el recuerdo de los amigos que en uno y otro bando competían conmigo; los triunfos deportivos; el grito de la multitud que nos alentaba; el recuerdo del calor de este recinto que guarda lo mejor de nuestras energías juveniles; el verde de nuestro emblema, que simboliza la acogedora selva que me brindó hospitalidad, esperanza y felicidad…”
Así habló Berger en el viejo recinto que guarda celosamente los trofeos que son parte de su esfuerzo, de su aliento, de su ardor, y que hoy lloran su partida y se sienten impotentes de seguir a su conquistador.
Berger se fue tras de muchos de esa hueste que le precedieron. Para quienes lo conocimos y aquilatamos su valor, es insustituible. Los que no lo conocieron no saben lo que se ha perdido. Pero, el Athletic Club José Pardo, mudo e insensible dentro de sus muros guardar eterno duelo.

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