Thursday, September 29, 2005

ANECDOTARIO

La colecta destinada al agasajo a los directivos cesantes y electos no marchaba; al presidente Meza se le había hecho depositario de S/. 46.00, suma reunida.
Como el propietario de la casa, señor Urrunaga (padre), alguna vez perdía la paciencia, pues “no veía” el pago de los alquileres, en una de las entrevista con el presidente, éste, para salirse del paso hizo entrega de la suma mencionada, con lo que ligeramente hacía quedar bien al club.
Pero, cuando en sesión dio cuenta de dicho procedimiento y propuso que se cancelara la fiesta, provocó una violenta reacción en un grupo que a toda costa quería realizarla.
Doroteo Arévalo y Leoncio Burga que habían solicitado licencia para no asistir a sesión, aun cuando estaban en la “barra”, penetraron violentamente y el primero, dirigiéndose a la presidencia dijo: “el club durante el tiempo que estaba en mi casa no necesitaba nada, pues los socios tenían hasta agua para beber; hoy se encuentra mendigando sólo por el capricho de tener un local lujoso”.
Leoncio Burga, conocido por su carácter impetuoso gritó: ¡que se lleve a cabo el baile y el dinero colectado para ese fin debe ser invertido sólo en eso!; agregó otros términos impropios y ofensivos, y el vocal le obligó a abandonar el salón. Al salir dijo: ¡si no fuera por respeto al club le haría andar a patadas a ese presidente mequetrefe!
Como resultado, Burga fue sometido a la Comisión Fiscal por desacato, la que tardó dos meses en dar su fallo que consistió en destitución, que algún tiempo después fue revocada.
El baile origen del lío siempre llegó a realizarse. Meza restituyó el dinero y como para hacer más efectiva la concordia, Juan B. Rojas Torres obsequió una caja de cervezas. Eran cajas de cerveza alemana de 48 botellas de cerámica y costaban S/. 27.00

Cierto secretario, que interinamente desempeñaba el cargo, había escrito humanidad en lugar de unanimidad. Al oír el acta uno de los presentes pidió que repitiera la lectura. Como así estuvo escrito, así tuvo que ser leído. El observante dijo: “por humanidad deberían comprarle anteojos al secretario”, a lo que éste contestó: ¡no señor! “yo leo lo que está escrito, y yo mismo hice el acta”.
“Entonces-insistió el que había observado el acta-por humanidad no debieron dejar salir de la escuela al señor secretario”

El 28 de julio de 1908, en que se realizó una gimkana y juegos deportivos auspiciados por la Municipalidad, era tal el entusiasmo de los aficionados, que todos, aun los que no practicaban ejercicios intervinieron. El resultado fue que algunos se indispusieron de tal suerte que necesitaron atención médica. Los deportistas organizadores se multiplicaban por atenderlos, pero, los lesionados aumentaban a tal punto, que en determinado momento Julio Daniell solicitó la ayuda de Doroteo Arévalo. Este le dijo: “ojalá haya también premios para los que cuidan a los enfermos, entonces de fijo que ganamos los del Athletic”

Las medallas que la Municipalidad distribuyó a los vencedores del torneo de fiestas patrias, fueron de pobrísimo valor. Los socios del Athletic se quejaron de esto, y en una sesión a pedido de uno de ellos, se acordó que el club adquiriera medallas de oro para cambiarlas.
Alguien sugirió que debían ser devueltas las otras a la Municipalidad, pero Daniell dijo: ¡eso sería como un desaire, las guardaremos aunque no tengan valor!
¡Es verdad-dijo otro-sería peligroso devolverlas, porque el próximo año en otro campeonato podrían darnos las mismas!

Cuando en las sesiones preliminares se estaba proyectando la celebración del segundo aniversario, había mucho público en la “barra”. En esta estaba Vicente Cunti, 20 años, acabadito de desembarcar de su largo viaje y con todos los arrestos de su juventud y raza meridional.
Contagiado del entusiasmo de los socios, desde la “barra” pidió la palabra, y mitad en su idioma nativo, mitad en castellano recién aprendido, expresó que él también quería ser socio del club, y contó cómo en su lejana Italia eran los clubes deportivos y cómo se hacían las fiestas en celebración de aniversarios.
Cunti fue oído con gran complacencia y demás está decir que en la siguiente sesión, previas las formalidades de estilo, se juramentó como socio.

La celebración del segundo aniversario fue hecha en grande. Gráficamente se echó la casa por la ventana. Las consecuencias posteriores fueron que el dinero de la colecta no fue suficiente y se contrajo una deuda con el “Bar Turín”, por bebidas y pastas. Cuando fue presentada la cuenta no había fondos en tesorería y todos los socios se resistían a una nueva colecta.
Pero, en todo tiempo tuvo el Athletic, algo o alguien que le sacara de sus grandes tropiezos. Esta vez fue el socio José Batagliatti, quien se hizo cargo de la cuenta del Turín en medio de una calurosa ovación de sus consocios.

Una muestra de la rigidez en la aplicación de las penas en el Athletic, fue que al mismísimo presidente de la Comisión Fiscal, Alejandro Arias, y al vocal Miguel Reátegui, les fue aplicada la destitución por haberse atrasado tres meses en el pago de sus cuotas mensuales. Fue esta la primera vez que se aplicaba tal sanción, y al mismo tiempo y por igual motivo fueron destituidos Ricardo del Águila, Isaías Pinedo, Jaime Morón y Zenón Zumaeta.

Entre los obsequios que recibió el club para el arreglo del local en su segundo aniversario, uno consistió en dos hermosos cuadros con las estampas de los cruceros “Grau” y “Bolognesi”, que posteriormente desaparecieron. ¿Dónde irían a parar?

Para la disputa de la Copa de Plata, el 30 de agosto de 1908, querían los del Athletic estar muy bien preparados. Con este motivo, todas las noches hacían ejercicios en plena calle Huallaga entre la cuarta y quinta cuadra. La policía trató de impedirlo, porque provocaba aglomeraciones, pero los directivos apelaron a la influencia de los doctores Rómulo Paredes y Francisco Lanatta, quienes consiguieron un permiso especial del entonces Mayor de guardias Pablo Rosas, prometiendo formalmente no causar desordenes.

Resultados de las pruebas en la disputa por la primera Copa de Plata, entre el Athletic y el Sport Club el indicado 30 de agosto.

Salto alto- 1° Sebastián Castro López - SC
2° Emilio Batagliatti - AC
3° Elías Babilonia - AC
Salto largo- 1° Francisco Teixeira - SC
2° Elías Babilonia - AC
3° Carlos B. Saavedra - SC
Salto con garrocha- 1° Sebastián Castro López - SC
2° Doroteo Arévalo - AC
3° Santiago Flores Pinedo - AC
100 metros planos- 1° Bernardo Dávila - SC
2° Samuel Laredo - AC
3° Alfredo Cortez - SC
400 metros planos- 1° Alfredo Cortez - SC
2° Samuel Laredo - AC
3° Alex Besso - SC
Lanzamiento de bala- 1° Carlos Marchetti - SC
2° Saverio Popolizio - SC
3° Mauricio Boneff - AC

Los equipos de nudo de guerra estaba conformado:
Por el Sport Club: Adolfo del Campo, Alejandro Arias, César Espinar, Bernardo Dávila, Carlos B. Saavedra, Juan Olórtegui, Domingo Laurie, Emilio Wesche, Carlos B. Pro, Carlos Marchetti, Saverio Popolizio.
Por el Athletic: Rogerio Carrera, Samuel Laredo, David Abecasis, David Vills, Gustavo Montani Burga, Gaspar Carrera, Antonio Pereira Goncalvez, Ricardo Andrade, Julio Daniell, Federico Salomón, Doroteo Arévalo.
La prueba de nudo de guerra la ganó el Sport Club, y el partido de fútbol postergado para el domingo siguiente, también lo ganó el Sport Club por 1 a 0

Los socios inscritos hasta 1908 fueron:
Ramón Reátegui, Pedro Vásquez, Juan Arévalo, Saúl Panduro, Rogerio Carrera, Carlos Bardalez, Luis F. Padilla, Samuel Laredo, David Abecasis, David Villa, Eleodoro Flores, Bernardo Gómez, Ernesto del Valle, Teodosio Rubio, César Teixeira, César Alván, Vicente Cunti, Santiago Ruiz Marín, Pablo Montalván Ríos, Juan E. Gómez, Isauro Gastelú, Gedeón Medina, Salomón Cohen, Leonidas Pinedo, Julio A. Zárate, Fortunato Founquinos, Américo Peña, Marcial López, Gaspar Carrera, Alberto Velarde, Gustavo Burga, Tadeo Alván.

Cuando se estaba disputando el campeonato por la primera Copa de Plata el 30 de agosto de 1908, tal era la curiosidad por admirar el trofeo, que en cierto momento se le cayó de las manos a David Abecasis, y sufrió una abolladura.
Los del Sport Club al recibirla el 27 de noviembre, después de su triunfo, se dieron cuenta que tenía una abolladura insignificante y mediante una nota reclamaron a los dirigentes del Athletic, reprochándoles el descuido.
Al discutirse la comunicación en una sesión, algunos socios trataron de achacarle toda la culpa a Abecasis, por haberla dejado caer, y hacerle responsable, pero, Rogerio Carrera, después de larga discusión, zanjó la cuestión diciendo: “no se trata de la calidad del trofeo, sino de su significado simbólico; así, arrugada y todo, nosotros la rescataremos el próximo año. Cuando se conquistan las banderas del enemigo en una batalla, cuanto más desgarradas y quemadas de pólvora estén, más gloriosos trofeos son. ¡Sólo las banderas de rendición se entregan flamantes!”

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