Monday, September 17, 2007

IMAGENES PARA EL RECUERDO


Equipo ganador de la Copa Esponda y Tarjeta de Oro donada por la Colonia China.

De pie, izquierda a derecha: Ramón Cisneros, Adolfo Vargas, Vicente Salas, Carlos Núñez, José Vallejos, Eduardo Noriega Rengifo, Jorge Noriega Rengifo, Benjamín Dávila, Manuel Estévez Vidal, César La Torre.
De rodillas: Miguel Villacorta, José Chapiama, Jorge Loayza.
Sentados: Julio Silva Bartra, Manuel Vásquez Jares, Meneleo Meza, Emilio Berger.
De rodillas: Ventura Salazar, Vicente Reyes, Arturo Pereira.
Sentados: José Villacorta, José Nicolás Flores, Pedro Villacorta, Julio G. Vergara, Alejandro Sinti, Juan Casanave.





Carlos Núñez, el inolvidable “Elefante” que sucediera en el puesto a Eduardo Noriega Rengifo, y desde 1925 y por muchos años fuera eje de la línea media y capitán del José Pardo.






IMAGENES PARA EL RECUERDO




Ángelo Ratteri llegó a Iquitos en el vapor “Manco ", en octubre de 1910.
Su primer partido de fútbol en esta ciudad lo jugó contra el equipo del mismo barco, el domingo inmediato a su llegada.
Este partido no consta en los archivos del “José Pardo.
Venía tan ansioso de hacer deporte, que trajo un juego de chompas de color negro, con las que posteriormente jugó algún tiempo el "José Par­do". En ese partido se estrenaron dichos chompas y los que la vistieron fueron: Gonzalo Colmenares, Enrique Zumaeta, Miguel Zumaeta, Manuel Dá­vila, Rubén Ramírez, Braulio Meza, Miguel Torres, Manuel Bardalez, José Chapiama, Julio Murrieta, y el mismo Ángelo Ratteri.
El partido fue ganado por los locales y se jugó en Morona Cocha. La fotografía de este equipo, en la que también están los visitantes, no muestra a Ratteri, porque fue este quien tomó la placa, según aseguran los de la época.






Monday, September 10, 2007

HISTORIA DEL DEPORTE LORETANO

ANECDOTARIO

Con el advenimiento del centenario de la creación de la primera bandera nacional, se organizaron varias actuaciones, entre ellas una velada literario-musical en el Teatro Alhambra, en la que intervino un coro que cantó el Himno Nacional. Las estrofas fueron cantadas por la señorita Rosita Macedo. El coro estaba constituido por: Augusto y Juan Teixeira, Juan Menacho, Jorge y Eduardo Noriega, Marciano Meza, Luís García Torres, César A. Rojas, Guillermo Pereira, Oscar A. Barco, Julio G. Vergara, Julio C. Rodríguez Burga, Roberto Vigil Osores, Federico del Águila, Manuel O’Donell, Carlos R. Zubiate, Carlos Documet, Benedicto Arévalo Rodríguez, César A. Estrella, Carlos de Freitas, Alfonso Bartra, Víctor M. Feijoo, Manuel Burga Soto, Emilio Rojas, Jerónimo Pereira, Meneleo Meza López.
Como se puede observar estaba lo más granado de la juventud de aquella época, que militaba en distintos clubes deportivos, pero que a la hora de un acto cívico se unían en un solo grupo para liberar su unción patriótica.

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En cierta oportunidad llegó a esta ciudad un luchador profesional sirio de nombre Salim Salles, que ostentaba ocho medallas como prueba de sus triunfos en la lona.
Su primer encuentro fue de exhibición y lo sostuvo con el dirigente y deportista Eulogio Pérez. La exhibición no despertó gran interés en el público, y el sirio lanzó un reto a la juventud deportiva de Iquitos, por intermedio de la prensa, invitando a una lucha formal.
Manuel Estévez Vidal estaba en la plenitud de su vigor físico. Era campeón invicto de lanzamiento de la bala, y donde ponía su marca ninguno de sus competidores llegaba. Los amigos del club lo entusiasmaron y aceptó públicamente el desafío.
El encuentro se realizó en el Teatro Alhambra, y en él, a la técnica del sirio, Estévez opuso su extraordinario vigor físico, logrando escapar Salles a la derrota sólo merced a su experiencia. Se declaró empate. En el segundo encuentro, que ya el sirio temía por haber sentido la presión de los fornidos brazos de Estévez Vidal, mañosamente entró a la lucha con el cuerpo engrasado, y durante ella Estévez no lograba hacer presa en él. Se volvió a declarar empate.
El sirio, que más que todo buscaba la parte económica, le pidió a Estévez un tercer encuentro; ante el desafío éste le contestó: “Está bien. Yo lo acepto, pero tiene que ser en la arena del Athletic y bien bañaditos en la ducha que allí hay, para estar limpios”.
El sirio no aceptó la condición.

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A Miguel Villacorta le llamaban “Culebrilla” porque tenía la habilidad de esquivar a los contrarios con raras cabriolas en zigzag. También se daba maña para utilizar las manos al mismo tiempo que las rodillas, sin que el árbitro lo notara.
En cierto partido con Loreto avanzó en esta forma, y utilizando las manos llegó a introducir la bola en el arco que estaba defendido por "Manduca"
El árbitro sancionó gol. Los defensas de Loreto reclamaron, "Manduca" protestó, y al ver que el fallo se mantenía, los hermanos Vacalla y el mismo "Manduca", en lugar de arremeter contra el árbitro, como se habría hecho en estos tiempos, trataron de coger a Villacorta para vengarse, lo que no pudieron conseguir, porque éste huyó de la cancha hasta que se tranquilizaran los ánimos.

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El atletismo, que siempre fue factor principal en los triunfos del José Pardo en los campeonatos, le había colocado a la cabeza en la disputa de la Estatua Leguía con 24 puntos, contra 19 del Loreto.
Y faltaba para terminar el campeonato, sólo un partido justo con Loreto, por el cual según las bases, el vencedor se adjudicaría 6 puntos. El empate valía 3 puntos, y al Pardo le bastaba empatar para ser el ganador de la estatua.
Con ese ánimo entraron a la cancha, y en realidad todo hacía suponer que el resultado sería el empate, no obstante la gran pujanza que Loreto ponía en el encuentro.
Pero sucedió lo fatal, y esto corrió a cargo de Benjamín Dávila. En los minutos finales inexplicablemente cometió un hand penal, por el que ni se podía protestar. Ante la expectación general, Pedro Villacréz, que recién se estaba iniciando, se quitó el zapato para ejecutar la pena.
Y fue gol.

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Eduardo Noriega Rengifo fue socio “supernumerario” desde 1911, cuando aún estaba como alumno en el Centro Escolar Nº161. Jugaba en los equipos inferiores, cuando en 1916 se produjo la deserción del primer equipo del José Pardo, pero aún así no tenía oportunidad.
Una tarde, el centro half Donayre se lesionó en un partido con Dos de Mayo. El suplente nominado en el “desafío” para sustituirlo no había asistido, y el único uniformado en la cancha era Noriega.
Le hicieron ingresar, y su actuación fue tan brillante que cosechó muchos aplausos del público. Tenía 15 años.
Desde entonces se hizo titular del puesto. Practicaba gimnasia en aparatos y fue instructor de esta sección desde 1919. Practicaba atletismo y su especialidad fue el salto con garrocha, en la que llegó a los 3 metros con toda soltura. Saltaba con zapatos de calle y su técnica era puramente intuitiva.
Quizá hubiera podido mejorar su marca, pero por un lado, su único competidor con la misma altura era Emilio Berger, pues los demás se quedaban en los 2.80, y por otro los postes sólo tenían tres metros de altura. El último salto lo hacían ambos colocando la varilla sobre los extremos de los postes.
No se exigían ambos, porque siendo del Pardo, lo único que buscaban en las pruebas era acumular puntos para los campeonatos.
Jugó en el primer equipo hasta 1925, en que cedió el puesto a Carlos Núñez, el inolvidable “Elefante”.

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Miguel Villacorta se inició como la mayor parte de los futbolistas y atletas de esa época en el Centro Escolar Nº 161. En 1913 ingresó al José Pardo como “supernumerario”, y al no ser incluido en el primer equipo como había pensado que sucedería, se sintió postergado y sin decir nada a nadie se pasó al Dos de Mayo, jugando en éste su primer partido el 1 de enero de 1914, contra el José Pardo.
Estuvo en Dos de Mayo hasta principios de 1915, cuando volvió al Pardo. En agosto de 1916, cuando desertó en masa el equipo del decano, Villacorta pasó también al Loreto.
Hasta 1917, jugaba unos meses en Loreto y otros en José Pardo, sin renuncia ni nada por el estilo, con gran disgusto de los directivos, que lo solapaban por sus habilidades y por su carácter entusiasta y despreocupado.
Pero tanto abusó, que al final cuando por primera vez quiso hacer las cosas formalmente, al renunciar del Loreto, su renuncia no fue aceptada y sí decretada su expulsión, y su solicitud de ingreso al José Pardo tuvo mucha resistencia, logrando su aceptación en éste después de tres sesiones y un largo va y viene de la junta general a la junta directiva en forma casi antirreglamentaria.
En 1919 fue castigado por Berger con suspensión indefinida, y pretendió, con el segundo equipo al que había soliviantado, fundar el A.C. José Pardo Nº 2, pero sus amigos le convencieron de la inutilidad de su propósito y dándose por vencido solicitó amnistía.
Berger inflexible mantuvo la decisión de la dirección técnica, y sólo cuando viajó a Alemania, la junta directiva reconociendo los méritos de Villacorta por un lado, y la justicia del castigo por el otro, sin acuerdo ni nada parecido olvidó el castigo y lo reincorporó a las actividades.
Miguel Villacorta jugaba y actuaba en los otros clubes por su inquietud y rebeldía innata, pero en el fondo jamás dejó de ser del José Pardo, y esas fugaces escapadas de “hijo pródigo” sólo servían para reafirmar su cariño por el Pardo. Alejado de la práctica del deporte, en juntas directivas muchos años desempeñó el cargo de maestro de ceremonias con todo acierto.

Wednesday, September 05, 2007

HISTORIA DEL DEPORTE LORETANO-continùa

Por eso causó profundo desagrado recibir posteriormente una nota del comandante Esponda en la que decía que: “por la reclamación del Loreto, presentada al jurado por el mismo secretario Mario C. Tejada, que había entregado el trofeo y declarado campeón al José Pardo, él declaraba anulado el fallo del árbitro y desconocía los 6 puntos que se adjudicaba al Pardo por el abandono del Dos de Mayo”.
La decisión, en respuesta, tomada por el Pardo fue tajante. “No devolver el trofeo, negarse a concurrir a ninguna prueba para disputarlo” y, plantear la creación de un “tribunal arbitral que juzgara el caso”.
Tal tribunal se creó con la intervención del alcalde Conrado Sarmiento y otros caballeros, el que falló algunos meses después a favor del José Pardo.
A pesar de todos estos incidentes, que ponían de manifiesto la intemperancia de Loreto o de sus dirigentes, se aceptó su invitación para intervenir en la disputa de la Estatua Leguía, muy especialmente porque el evento tenía fines políticos, y no se podía eludir dada la época que se vivía.
El campeonato por la Estatua Leguía fue organizado por el Loreto, con motivo de la celebración de su duodécimo aniversario de fundación.
El origen de este famoso trofeo fue ajeno a las lides deportivas y nadie imaginó que tal origen diera lugar a una competencia y un premio de tal significación.
Ya se vivía la inquietud de la celebración del centenario de la independencia nacional pese a faltar un año, y los clubes trataban de superarse en todos los terrenos. Meza en el José Pardo, Luís García Torres en el Loreto, y Sebastián Gendrau en el Dos de Mayo propiciaban toda actividad que la hiciera resaltar.
Las autoridades locales acogieron la iniciativa de erigir un monumento al héroe de Huamachuco y decidieron que el sitio más indicado era la Plaza Leoncio Prado, que hasta el nombre ya tenía. Esta Plaza, que como hemos dicho, hoy ocupa el Jardín de la infancia Nº 127, gracias a los esfuerzos del Loreto había dejado de ser un baldío entregado por la municipalidad, pasando a ser un sitio céntrico y concurrido, sobre todo en los domingos por los eventos deportivos; tenía una buena galería y se habían construido muchas viviendas.
La noticia consternó a los socios del Loreto, y al verse en peligro de perder su cancha de deportes, movieron todos los resorte imaginables; elevaron un memorial al presidente de la República D. Augusto B. Leguía, a quien habían hecho presidente honorario un año antes, y designaron su delegado en Lima a Carlos A. García Méndez. En Iquitos el Dr. Vicente H. Delgado se encargó de las gestiones y su activa campaña dio como resultado el olvido del proyecto.
Pero el resultado más halagador fue que el presidente Leguía, político muy fino y sagaz, aprovechó para agradecer la designación de presidente honorario, ofreció su decidido apoyo a la adquisición de un terreno para reemplazar el que estaba en litigio, y remitió por intermedio de la prefectura dos estatuas para ser disputadas en un campeonato.
Loreto preparó las bases e invitó a sus congéneres José Pardo y Dos de Mayo al evento. Las bases señalaban sólo una estatua como premio, motivo por el que Héctor Espinar “El papi”, y Alejandro Vela Estrella protestaron, apoyándose en la comunicación recibida del presidente Leguía, que señalaba las dos estatuas como trofeo.
Luís García Torres trató de explicar la determinación, indicando que fue tomada para el caso de que la suerte fuera adversa para el Loreto, en el que quedaría una estatua como recuerdo, decisión que no quisieron admitir Espinar ni Vela, contra la opinión de la mayoría, y pidieron que constara su voto en contra, amenazaron no pagar en lo sucesivo sus cuotas mensuales y extraordinarias, y hacer aclaraciones en la prensa local.
Pero nada de eso sucedió. Se efectuó la competencia disputándose una de las estatuas que la ganó ajustadamente Loreto en atletismo, regatas y fútbol de primeros y segundos equipos. Loreto hizo 25 puntos, José Pardo 24 y Dos de Mayo 7.
El jurado estaba constituido por Guillermo Cockburn, Samuel Torres Videla y Julio Zamora, todos del Loreto. El José Pardo designó al doctor Mauro Delgado Morey para asistir a la mesa del jurado, pero este no le reconoció personería infiriéndole casi un desaire, que tuvo que pasarse por alto para evitar más rozamientos, pues aún frescos estaban los otros incidentes y el momento político no era propicio.
Esta fue la última competencia del periodo institucional 1919/1920 del Pardo.
Durante todo el periodo José Pardo jugó 22 partidos de fútbol con los 4 equipos de fútbol; 9 el primero, 6 el segundo, 4 el tercero, y 3 el cuarto. De los 9 del primer equipo 5 fueron con Loreto, ganando 3, perdiendo 1 y empatando 1; y 4 con Dos de Mayo, ganando 3 y perdiendo 1.
Al finalizar el año tenía el club 268 socios clasificados así: 12 honorarios, 166 activos y 90 auxiliares, de los que 53 activos y 26 auxiliares ingresaron en este periodo institucional.
Una nota que pone de relieve la mentalidad de la presidencia en relación con los incidentes producidos en los campeonatos, es esta, que fue leída en su memoria anual: “con los otros centros (se refería a los deportivos) la relaciones no han tenido sino alteraciones momentáneas, especialmente con el Loreto, debido casi siempre al calor de la lucha; las mismas que se han limado y puesto en el plano de la equidad tantas veces como han surgido estas pequeñas disensiones”…Y después de otras apreciaciones concluía: “… en suma, nuestras relaciones, amistosas como deben ser”.

Monday, September 03, 2007

HISTORIA DEL DEPORTE LORETANO-continùa

Lo mismo sucedió en el partido final con Loreto. Por la oscuridad se suspendió el partido faltando 20 minutos y ganando el Pardo por 1 a 0. Loreto pidió la anulación del partido alegando irregularidades. El teniente Luque, árbitro del encuentro, por disposición del jurado presentó un informe, y ante éste, el jurado dispuso que se jugara de nuevo.
Aquí surgió otra reclamación. Las bases habían determinado dos fechas; una en la Plaza Leoncio Prado, y la segunda en la 28 de Julio, pero, por la repetición del segundo tiempo entre Dos de Mayo y José Pardo que se jugó en la Plaza 28 de Julio, la segunda fecha programada se jugó en la Plaza Leoncio Prado, debiendo jugarse la última fecha, o sea, el partido anulado José Pardo-Loreto, según la teoría del Pardo en la Plaza 28 de Julio.
Loreto opinaba e insistía en lo contrario. El jurado no acertaba a resolver la situación, y como determinación final, en sesión, José Pardo acordó ratificar su aceptación de anulación del partido y jugar de nuevo pero sólo en la Plaza 28 de Julio, y como una bravata muy propia de aquel tiempo agregaba que “podía jugar con el Loreto; con un combinado Loreto-Dos de Mayo, o con los dos en diferentes partidos, adjudicándose en el primer caso 3 puntos al Loreto si ganaba; 3 puntos a cada uno si ganaba el combinado, y los mismos jugando separadamente si ambos ganaban, en el tercer caso.
Como se nota era una decisión y una respuesta muy propia de aquella época de apasionamiento deportivo, que casi rayaba en fanatismo; pero hay que advertir que José Pardo sabía que en ninguno de los casos, perdiendo los partidos perdía el campeonato, pues ni Loreto ni Dos de Mayo con esos puntos podría siquiera igualarlo; porque antes del partido la puntuación era la siguiente: José Pardo 34, Dos de Mayo 18 y Loreto 5. Además el equipo del José Pardo estaba en su mejor momento.
Se añadía en la contrapropuesta como conclusión final, que si no se aceptaba su condición de jugar en la Plaza 28 de Julio, el caso lo decidiría un tribunal de honor. Así fue resuelto, y unos meses después éste tribunal falló a favor del José Pardo concediéndole 37 puntos, ante la negativa del Loreto de presentarse a la cancha de la Plaza 28 de Julio.
A pesar de estos incidentes se organizó el campeonato por la Estatua Esponda, que sólo se reducía a partidos de fútbol. Obsérvese que se trata de la Estatua Esponda y no de la Copa Esponda, que es otro trofeo del mismo comandante Esponda, pero de época posterior.
Las bases de este torneo fueron un tanto caprichosas y la organización del certamen corrió a cargo del Dos de Mayo que recibió el obsequio. Se establecía en ella una eliminación no determinada por sorteo entre José Pardo y Loreto, para que el vencedor jugara la final con el Dos de Mayo. Luego se establecía que los partidos eliminatorios o finales fueran dos y que ambos debían ser ganados para clasificarse como campeón. No eran válidos un empate y una victoria, ni menos una victoria y una derrota. Como se ve, algo de difícil realización, o por lo menos una lucha de nunca acabar dada la paridad de los tres equipos.
El presidente del Dos de Mayo, Jesús Gendrau, ante una impugnación de las bases por el José Pardo, contestó por oficio lo siguiente: “Si las bases se han hecho un poco fuertes, ha sido para poder ver la lucha en el campo de fútbol y mostrar la pericia de los jugadores que presente cada institución”.
Y el torneo se inició el 1 de febrero con la eliminatoria Loreto-José Pardo, actuando como árbitro Luís Alfonso Navarro Cauper. Ganaba José Pardo por 1 a 0 faltando 15 minutos para finalizar el partido, cuando se produjo un entrevero en el área del Pardo, y el capitán del Loreto pretendió que la bola había pasado la raya del gol y reclamó al árbitro, quien naturalmente no admitió el reclamo. El escándalo subió de punto y Loreto abandonó la cancha, afirmando sus dirigentes que se retirarían del torneo.
Dos de Mayo como organizador hizo todas las gestiones posibles para evitar la deserción de Loreto, y al fin logró convencerlo, pero con la condición de que los minutos que faltaba se jugaran con otro árbitro. Se aceptaron sus condiciones y se jugó un nuevo partido de noventa minutos en el que los quince minutos que faltaban debían ser los últimos del partido. Se jugó el 8 de febrero y el árbitro fue Pablo Polianich.
Al entrar a los quince minutos que completarían al partido anterior, José Pardo ganaba 3 a 2; según el informe de Emilio Berger, “con la manifiesta hostilidad del árbitro” cuya parcialidad se hizo más evidente en los últimos minutos, dando la clara impresión de estar buscando el empate para el Loreto.
Fue entonces cuando Pablo Polianich castigó un penal al defensa Pedro Villacorta, según Berger, “imaginario”, ante la estupefacción de los jugadores y el público.
Protestó Berger como capitán del equipo pero inútilmente como era de esperar. Se ejecutó el tiro y se hizo gol. En los restantes minutos los defensas del Pardo “indignados ante semejante desvergüenza que el público pifiaba” (Berger), no opusieron resistencia a la delantera del Loreto, quienes hicieron tres goles más. Agregaba Berger en su informe al club: “no di la orden de abandonar el campo para no dar el triste espectáculo que dio Loreto en el partido anterior” y concluía el informe solicitando permiso para retirarse del torneo.
José Pardo pidió a los organizadores la designación de un jurado para evitar más incidentes, pero no se atendió su pedido, y ante esta negativa abandonó el certamen que fue ganado por Dos de Mayo como se había previsto.
El equipo del José Pardo estaba formado por José Vallejos, Pedro Villacorta, Jorge Noriega, Augusto Montani (Sisibuto), Eduardo Noriega, Benjamín Dávila, Vicente Salas, Alejandro Sinti, Miguel Villacorta, Manuel Estévez Vidal, Emilio Berger, Ángel Delgado Calampa, y Raimundo Hora.
Esto no obstante, José Pardo concurrió al Campeonato Municipal de Fiestas Patrias, en el que tampoco podrían faltar los incidentes. Ya en previsión de ellos se había designado un jurado que estaba presidido por el comandante Esponda, actuaba como secretario Mario C. Tejada, y su tercer miembro era Sebastián Gendrau, presidente del Dos de Mayo.
Con la amarga experiencia de las bases anteriores en lo referente al fútbol, se estableció que los partidos en triangular dieran 6 puntos a los ganadores y 3 a los empatadores. Dos de Mayo había perdido ya con Loreto y llegaron a la última fecha, incluidos los puntos del atletismo, José Pardo con 19 puntos, Loreto con 14, y Dos de Mayo con 3.
Cuando el 30 de julio se disponían a jugar su partido José Pardo y Dos de Mayo, jugadores y dirigentes del Loreto invadieron la cancha, alegando que Dos de Mayo ya no tenía nada que hacer en el torneo y trataron de impedir la realización del encuentro. Efectivamente aunque ganara Dos de Mayo siempre quedaba en el último puesto. En cambio José Pardo que tenía 19 puntos, si acaso perdía el partido con Loreto, éste llegaba a 20 y ganaba el primer puesto. Loreto confiaba que no jugando el Pardo con Dos de Mayo se anularían los 6 puntos, siendo en este caso indiscutible su triunfo y la conquista del campeonato.
La soberbia llegó a tanto que copiando las bravatas del José Pardo, Loreto desafío a los dos equipos juntos.
Los dirigentes del Dos de Mayo, en un gesto de comprensión y para no entorpecer la situación, admitieron que jugara Loreto con José Pardo y abandonaron la cancha, y Loreto aceptando la designación de Carlos Zubiate como árbitro, formó su equipo.
A los pocos minutos de iniciado el partido el árbitro castigó un penal contra Loreto, fallo que originó la más airada protesta de los jugadores que amenazaron con maltratar al arbitro, que tuvo que ser protegido por la policía, suspendiéndose el partido para el domingo siguiente. Pero ese día, ya con el equipo formado en el campo, Loreto se negó a jugar mientras no se anulara el castigo impuesto por el árbitro.
Como el Pardo tenía todas las posibilidades de ganar aceptó la condición, y el árbitro llamó de nuevo a los equipos, pero Loreto insistió en no jugar estando en la cancha. El árbitro advirtió que daba un plazo de 25 minutos a Loreto, y en caso de no jugar declararía vencedor al José Pardo.
Vencido el plazo, el árbitro declaró ganador al José Pardo. En el mismo terreno el secretario del jurado declaró vencedor a éste con 19 puntos, e hizo entrega del trofeo proclamándolo campeón.