Monday, July 09, 2007

Al notar Villacorta la oposición, sin retirar su solicitud de ingreso al Pardo, mediante sus amigos en el Loreto, solicitó reconsideración de su renuncia presentada y aceptada, logrando que se le volviera a considerar como socio.
Pero sucedió que entretanto en el José Pardo, al reanudarse la sesión y ver los oponentes al ingreso: Burga Pippo, Jorge Noriega, Julio Velásquez, Ladislao Serrón y Carlos Documet, que la mayoría estaría a favor: Bartra, Celis, Tejada, Pablo Lozano, Adolfo Correa, Víctor Macedo, Pedro Villacorta, Julio Vergara, Manuel Burga, Cirilo Ruiz, Manuel Estévez, Meneleo Meza, y Cruz Pérez, plantearon la cuestión previa: que el ingreso era potestativo de la junta directiva y que sólo ella podía verla. Era un recurso para entorpecer el desarrollo de la sesión y una esperanza de que la directiva rechazara el ingreso; pero, los amigos de Miguel influyeron en el ánimo de los directivos y en una sesión casi secreta y que se asegura no tuvo el quórum reglamentario fue aprobado su reingreso.
Villacorta entonces de nuevo presentó su renuncia al Loreto, lo que colmó la paciencia de sus directivos y socios, que después de una acalorada discusión, en la que siempre tuvo sus defensores, entre ellos Eduardo Zanetti, se decretó su expulsión, considerando que lo que había hecho era burlarse de la institución, resolución que fue puesta en conocimiento de todos los clubes, publicada en los diarios locales, y aún más, haciendo presente que el club Loreto no jugaría ni aceptaría ningún partido, si Villacorta se presentaba conformando el equipo contrario.
Pero, la sangre no llegó al río, pronto se olvidó todo y Villacorta se quedó definitivamente en el José Pardo, hasta el final de sus actividades deportivas y luego como socio activo.

Las actividades deportivas del año fueron pocas. El 4 de noviembre de 1917 jugaron en la Plaza Leoncio Prado, primeros y segundos equipos del Pardo y Loreto, ganando Loreto por 2 a 1 en primeros, y José Pardo 2 a 0 en segundos. En el partido de primeros actuaron por primera vez Augusto Montani, más conocido como “Sisebuto” y Alejandro Sinti Calampa, que resultó un interior inteligente y movedizo, más que goleador, armador de juego.
El 11 volvieron a jugar Loreto y Pardo con sus tres equipos, ganando Loreto en los tres partidos por 3 a 1, 1 a 0, y 3 a 0.
El 25 de diciembre a invitación del Dos de Mayo, jugó el José Pardo dos partidos, entre primeros y terceros equipos, por una medalla de plata dorada y una copa respectivamente. La medalla la ganó el Pardo por 2 a 1, y la copa el Dos de Mayo por 3 a 1.
El 21 de abril de 1918, se realizó un festival deportivo organizado por el Club Sport Iquitos, en su campo deportivo situado en la esquina de las calles Dos de Mayo y Aguirre, pero las pruebas sólo fueron de exhibición.
En mayo, Dos de Mayo organizó un campeonato en celebración de su día, que no pudo realizarse, sino el 5, porque llovió el 2. Atletismo, natación y fútbol. Parte se realizó el 5 y el resto el 9. Los premios fueron individuales.
Enrique Coral volvió a ganar en natación, cruzando el Amazonas, ganando una medalla de plata dorada.
El 9 se jugaron los partidos de fútbol entre primeros y segundos equipos ganando en ambos José Pardo por 1 a 0, y 2 a 0 respectivamente.
Para el 30 de agosto, Loreto, conmemorando su décimo aniversario, organizó con gran pompa una fiesta deportiva, cuya preparación había sido su principal preocupación, superando dificultades económicas e incluso utilizando el trabajo de los socios para la ornamentación de la Plaza Leoncio Prado, donde se llevaron a efecto las pruebas.
Hubo premios especiales para las pruebas atléticas, que sólo fueron de competición personal, culminando el programa con la carrera con banderas entre José Pardo y Loreto, que ganó el Pardo, y dos partidos de fútbol, entre el equipo A de Loreto y el Pardo, y el equipo B del mismo Loreto con el Dos de Mayo, ganando el equipo A de Loreto por 1 a 0, y empate del B con Dos de Mayo a 2 goles.
Esto da una idea del poderío futbolístico o deportivo del Loreto, o por lo menos de la abundancia que tenía de jugadores.
El equipo A estaba conformado por Manuel Alves “Manduca”, Eduardo Zanetti, Joaquín Montero, Manuel Vacalla, Alfonso Ordosgoitia, Arturo Montero, Juan Torres, Calixto García, Máx Vacalla, Francisco Ramírez y Máx Themme.
En esta época se fundaron tres clubes, diríamos de segunda categoría, que posteriormente desaparecieron absorbidos por los tres decanos. Dichos clubes fueron: el Independencia, que más bien fue una transformación del equipo del Regimiento de Infantería Nº 13, el Bolívar y el Leguía, éste último organizado y presidido por Toribio Hernández.
El más fuerte y el que tuvo más vida fue el Leguía, que llegó a reunir muchachos que posteriormente resultaron verdaderas “estrellas”, entre ellos Carlos Núñez, el recordado “Elefante”.
Al terminar el periodo institucional del José Pardo, el club contaba con 215 socios, de los cuales 12 eran extranjeros. Según su categoría se clasificaban en: 12 honorarios, 98 activos y 105 auxiliares. La sección de gimnasia tenía inscritos 58 alumnos, todos menores de 15 años, divididos en 6 grupos, cada uno a órdenes de Emilio Berger, Jorge Noriega, Eduardo Noriega, Leoncio Burga, Manuel Burga y Teofilo Cavaillier, practicando diariamente de 5 a 6 de la tarde.

ANECDOTARIO

Víctor Revilla, que ya pertenecía al José Pardo, capitaneó el equipo del Club Iquitos, al que antes había pertenecido, en un partido contra el segundo equipo del Pardo, y en el que se disputaba una medalla de oro.
El José Pardo ganó el partido, pero el fiscal acusó a Revilla en sesión de directiva, la que después de oír su explicación y el reconocimiento de su falta, le aplicó como sanción la multa de …UN SOL

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Cierta tarde en que actuaban los tres equipos del Club Loreto y estaba vigente la disposición interna de que todos los jugadores concurrieran uniformados, fue visto por Segura, en el campo, luciendo traje de calle, Oswaldo Lecca del Águila.
Se le acercó, y al preguntarle por qué no iba a jugar, recibió la descortés respuesta: ¡Porque no quiero! Esta denuncia la presentó Segura a la asamblea, calificándola de falta de disciplina y de ofensa a su investidura de presidente del club.
La sesión fue acaloradísima; pues, además de que Lecca, a todas las acusaciones de Segura contestaba con un ¡miente usted!, se formaron dos bandos, uno que pretendía su castigo, y otro que lo defendía y justificaba.
Al final triunfó el bando que propugnaba el castigo, que resultó ser una suspensión, cuyo efecto también desconoció Lecca, porque no se había cumplido con la formalidad de comunicársela, siendo objeto entonces de un pedido de reconsideración en la siguiente sesión, a la que volvió a concurrir Lecca, produciéndose otro candente debate.
Eran tiempos en que todo se tomaba con calor, quizá por el mismo cariño que entonces se tenía a los clubes y sus colores, y la disciplina era la norma esencial de todas las actividades. Los ánimos se calmaron, se mantuvo la suspensión, pero como había pasado varios días, pronto se olvidó todo y Lecca y Segura siguieron siendo los mismos amigos de siempre.

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