Wednesday, July 18, 2007

HISTORIA DEL DEPORTE LORETANO-continùa

ANECDOTARIO

Un incidente digno de recordar en el Loreto, fue el protagonizado por Máximo Vacalla, que actuaba como instructor de juegos y capitán del segundo equipo de fútbol. Arrastrado por su deseo de cooperación aceptó la misión de ayudar al tesorero en la cobranza. Como no faltan en las instituciones sujetos mal intencionados e inclinados a tergiversar las cosas, alguien difundió la especie de que Vacalla estaba no sólo usurpando las funciones del tesorero, sino incurriendo también en malversación de fondos, por el hecho de que pagaba las cuentas del club, con el producto de la cobranza.
La presidencia recibió la denuncia y celosa de sus funciones la pasó a la comisión fiscal, la que sin la investigación del caso presentó un informe sin fundamentos y un tanto vago, que en la sesión, algunos malos compañeros trataron de utilizar en contra de Vacalla.
En el curso del debate se aclaró, con la rendición de cuentas, presentada allí mismo por Vacalla, que si bien era cierto que faltaba cinco soles con cincuenta centavos, en cambio se demostró que de su propia plata había pagado por arreglos de la cancha y, comprado una pelota de fútbol, que aun no había cobrado al club.
La mayoría rechazó el informe de la comisión fiscal, pero, Vacalla herido en su amor propio renunció a todos sus cargos.
García Torres al poner en debate la renuncia que consternó a los que sabían qué clase de socio era Vacalla, justificó la actitud de éste, como una respuesta a la ingratitud y deslealtad de los denunciantes.
Como feliz desagravio y ya en ausencia de Vacalla que se retiró del local, el club acordó pedirle que retirara su renuncia, hacerle un público reconocimiento a sus meritos y otorgarle una medalla de oro. Una satisfacción muy merecida al viejo centro forward.

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En el año 1919, el José Pardo tenía cuatro equipos definidos de fútbol en orden sucesivo, constituidos por más de sesenta jugadores, que reemplazaban en forma ascendente a aquellos que por alguna causa faltaban a los partidos o se ausentaban. La lista sería larga, pero, consignaremos los nombres de los que conformaban el primer y segundo equipo:
Marcelino Meza, José Vallejos y Julio Vergara que actuaban como guardavallas; Pedro Villacorta, Jorge Noriega, Eduardo Noriega, Leoncio Burga, Augusto Montani (Sisebuto), Manuel Estévez Vidal, José Chapiama, Víctor Revilla, Vicente Salas, Emilio Berger, Gerardo Ayllón, Ángel Delgado Calampa, Alejandro Sinti, Adolfo Velásquez, Leonardo Velásquez, Benjamín Dávila, Carlos de Freitas, César la Torre, Armando Noriega, y Enrique Camino.
Merece anotarse que todos practicaban atletismo y gimnasia en aparatos, aparte de otros que exclusivamente componían la sección de gimnasia, como Demetrio Gómez Meza, Teofilo Cavaillier, Manuel Burga Soto, Miguel Vergara, y Manuel Rosell Santolaya.

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Benjamín Dávila, un día de entrenamiento, de improviso pisó fuertemente la bola de fútbol y el contrario que fue a dar el puntapié rodó por el suelo. Así se inventó la “estaca”, jugada que se puso en boga en aquel tiempo y de la que se dijo “le ha hecho patear caucho”.
La victima constante de la jugada “inventada” por Benjamín Dávila, era Manuel Estévez Vidal, por la impetuosidad que siempre ponía en sus intervenciones. Cuando Estévez Vidal perseguía a Benjamín, los compañeros le gritaban: ¡métele tu invento! y… por lo general Estévez caía en el lazo.
Poco más tarde, Adolfo Vargas perfeccionó la “estaca” y cierta vez en el Leoncio Prado, con una carretilla magistral, hizo prácticamente volar a Alfonso Ordosgoitia, con una formidable “estaca”.

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A Carlos Documet le llamaban “Lobanillo” porque tenía un tumor en la frente. No era muy atractivo, pero a él no le preocupaba mucho.
Un sábado que estaban de “farra”, Documet, José Chapiama, Emilio Berger y otro amigos del club, llegaron muy tarde a un kiosco que había enfrente de “la galería de Sabino” (los que no conocieron la Plaza 28 de julio de entonces, sepan que ambos quedaban frente a la salida de la avenida Grau).
El kiosco estaba cerrado y llamaron. El propietario abrió y sin prender la luz, que por cierto no era eléctrica, los introdujo.
Mientras buscaba lo necesario para prenderla, los visitantes hacían entre ellos ciertos arreglos de cuentas y en esta operación a alguien se le escapó una moneda. Empezaron a buscarla a tientas y al levantarse uno de ellos, dio con la cabeza en la frente de Documet.
Un grito de dolor. Consternación general y…cuando se prendió la luz, se vio, que justo el cabezazo le había caído en el lobanillo reventándolo.
Se le hicieron las curas de urgencia, la farra se acabó y cuando se restableció Documet, el lobanillo había desaparecido como extirpado por bisturí de hábil cirujano.
Pero… Documet no cesaba de lamentarse.
Un día que lo estaba haciendo, Alfonso Bartra le dijo: “No sé de qué te quejas. Como adorno creo que no te servía y si te lo hubieras querido quitar ninguna operación te habría resultado más barata”
Así desapareció el lobanillo y el mote que tenía Documet.

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Era una época de apasionamiento y diríamos hasta fanatismo deportivo. Los tres clubes trataban de mantener la supremacía en todo orden, muy especialmente en las actividades deportivas.
Juan Torres Vargas el recordado “Buzo” tuvo la desgracia de perder a su padre y en señal de duelo se retiró de las actividades deportivas. Para esto solicitó licencia a su club, el Loreto, pero sin señalar tiempo, y por esta razón pidió no ser considerado como jugador del club.
No faltó quien difundiera la especie de que la licencia sólo era un pretexto y el propósito de “Buzo” era pasar a otro club.
Tal rumor llegó a sus oídos y en la primer sesión, en el colmo de la indignación aclaró su situación y acusó a los ocultos difamadores, de malos amigos y consocios que atentaban contra la estabilidad del club.
Vuelto a la actividad jugó muy poco tiempo, pues tuvo que viajar a Lima por sus estudios.

Tuesday, July 17, 2007

HISTORIA DEL DEPORTE LORETANO-continùa

La elección de la junta directiva del Athletic Club José Pardo para el periodo 1 de setiembre de 1918 al 1 de setiembre de 1919, realizada el 11 de agosto, con una concurrencia de 30 socios, no definió la presidencia, pues en dos votaciones no se obtuvo la mayoría reglamentaria. Meza que presidía la sesión, propuso que se decidiera por simple mayoría, lo que fue aprobado, y en una nueva votación, sólo entre los candidatos mayoritarios, se obtuvo un resultado de 15 votos para Ladislao Serrón y 13 para Emilio Berger, con 2 en blanco.
La directiva se constituyó así:

Presidente: Ladislao Serrón
Vice-presidente : Alfonso Bartra del Aguila
Fiscal: José Antonio Rengifo
Secretario: Jorge Noriega Rengifo
Prosecretario: Carlos Documet
Tesorero: Melchor Celis
Vocales: Santiago Flores Pinedo
Bartolomé Romagnoli
Manuel Burga Soto
Manuel Estévez Vidal
Pedro Villacorta

Pero, de inmediato, 25 socios firmaron y presentaron una impugnación, y el 15 de agosto en una elección, sólo para presidente, tampoco pudo obtenerse mayoría reglamentaria con 47 socios, que repartieron su voto siempre entre Berger y Serrón en un ambiente caldeado.
Una tercera elección se practicó el 25 de agosto, siempre en un clima de tensión, pero, comprendiendo que no se podría definir reglamentariamente la elección, adoptaron previamente el acuerdo que modificaba el estatuto y el resultado fue la elección de Berger por 27 votos contra 14 de Serrón.
Proclamado Berger, no se presentó a la juramentación. Parece ser, a juzgar por su fina sensibilidad, que entendió la situación un tanto desairada, pues habiendo sido elegido Serrón y proclamado presidente en la primera elección, sólo después de cuatro votaciones en dos sesiones diferentes, se estableció la mayoría de Berger, pero siempre apartada de la reglamentación. De allí que, solo, se juramentó el 27 de octubre, pero, no presidió más que esa sesión renunciando a su cargo el 20 de diciembre, so pretexto de viajar a su patria, viaje que sólo efectuó al finalizar el periodo institucional.
Alfonso Bartra desempeñó la presidencia durante todo el periodo en su carácter de vicepresidente.
Meneleo Meza, que había retornado del viaje a la capital, entró de nuevo en actividad, y al constatar que la biblioteca había sufrido una merma considerable, desapareciendo volúmenes valiosos que habían sido obsequiados por socios y simpatizantes, argumentó la necesidad de practicar un inventario de todas las pertenencias del club. La comisión, en su estudio comprobó, además de muchos volúmenes de la biblioteca, la desaparición de implementos de esgrima y otros útiles deportivos.
Otro incidente fue el promovido por la renuncia de Juan B. Rojas Torres, a raíz de la negativa de la presidencia, después de haber accedido a la petición del local, por 14 socios del club, para un acto al parecer de carácter político, y que dejaba en posición desairada a Rojas Torres.
Herido en su amor propio renunció formalmente. La sesión en que se dio cuenta de su renuncia se caracterizó por los mutuos reproches que se hicieron Rojas Torres y el presidente; los demás socios, en uno u otro bando según sus simpatías y puntos de vista.
La división amenazaba ser profunda, porque en ese tiempo las cosas se tomaban con mucho calor, mas, surgió la serenidad e influencia de Meza, quien como siempre sabía dar en el momento oportuno el toque de sensibilidad y emoción a sus consocios.
También esta discusión se extendió a dos sesiones, por el acaloramiento que se produjo en los ánimos; pero, retiró Rojas su renuncia, después de una definitiva intervención de Meza, invocando la confraternidad y el nombre de la institución.
“La separación de Rojas Torres-dijo Meza-provocará la división, porque irá acompañado de aquellos que antes y hoy simpatizaron con él y lo llevaron a la presidencia. No podemos dividir nuestra institución, a la que sostenemos con nuestro exclusivo esfuerzo y a la que siempre hemos considerado como nuestra pequeña patria. No podemos echar abajo un edificio, que poniendo granito a granito sus cimientos, hemos levantado en doce años de trabajo. El señor Rojas Torres debe tener presente que los que hemos formado el Athletic Club José Pardo siempre hemos pensado: “todos antes que yo y no yo antes que todos”. Este monumento es el recuerdo de nuestra niñez, es el altar donde hemos fortalecido nuestro carácter y nuestros músculos, nuestra lealtad y nuestra nobleza. No puede pues un hecho baladí, sin ninguna importancia, destruirlo ni romper nuestra fraternidad, forjada en la abnegación y el esfuerzo de haber conquistado todo lo que tenemos con nuestras propias manos y sin el auxilio de los poderes públicos. Nosotros dimos y estamos dando nuestra energía y nuestro peculio para formar peruanos viriles, conscientes, nobles y leales, y al abrigo de éste emblema símbolo de esperanza, debemos seguir juntos hasta el pináculo de nuestras aspiraciones y con grandeza de alma, aunque nos cueste el rojo de nuestra sangre, que dispuestos estamos a derramarla en defensa de nuestros principios institucionales. Depongamos nuestras actitudes personales en defensa de nuestra institución.”
Estos párrafos ponen de manifiesto la mentalidad de Meza y cómo se entendía entonces una causa institucional.
Merece también citarse la suspensión aplicada a Manuel Estévez Vidal, quien por su carácter altivo y violento, siendo vocal, fue amonestado, contestando él con una renuncia en términos descomedidos. Merced a la influencia de los amigos y a mérito de haberse sincerado posteriormente, le fue revocada la suspensión.

En el Club Loreto, el 29 de diciembre de 1918, se eligió la directiva que un mes después se instaló en sesión solemne. Estaba presidida por Luís García Torres; secretario fue Germán Segura; tesorero José R. Usseglio, y capitán instructor de juegos Manuel Dávila. Este periodo habría de durar 18 meses, porque a pedido de Segura se modificó la fecha de renovación de cargos, que en lo sucesivo habría de hacerse el 30 de agosto de cada año.
En ésta época se fundó el “Iquitos Base Ball Club”, cuyo primer presidente fue Rosendo Dávila Vásques, conformado en su mayor parte por socios del Loreto, motivo por el que el nuevo club propuso al Loreto que se hicieran ante el municipio, las gestiones del caso para la posesión definitiva de la Plaza Leoncio Prado. La propuesta fue aceptada pero las gestiones no tuvieron éxito.
Pero sí tuvo éxito el nombramiento de socio honorario, del Presidente de la República, entonces D. Augusto B. Leguía, que a la sazón había sido proclamado por los universitarios de la capital, Maestro de la juventud.

El campeonato de fiestas patrias de 1919 fue organizado por una comisión municipal con el siguiente programa:

Día 28 de julio- Salto alto
Salto con trampolín
Salto con garrocha
Carrera con obstáculos
Carrera de 100 metros
Carrera de resistencia
Carrera con banderas
Nudo de guerra
Fútbol entre José Pardo y Dos de Mayo
Día 29 de julio- Natación
Regatas

Era la primera vez que un programa deportivo incluía una carrera con vallas, que como se ve denominaban “con obstáculos”, el único club que las tenía era el Loreto, pero no podemos asegurar que fueran reglamentarias.
Las pruebas del 28 se realizaron en la Plaza 28 de julio, y las del 29 frente a la Prefectura. Las regatas consistían en cruzar el Amazonas en “monterías” tripuladas por ocho remeros, recoger su respectiva bandera y volver a entregarla al jurado que estaba en la orilla de salida. Intervinieron la flotilla, el regimiento y los tres clubes. Ganó Loreto siempre con los remeros portugueses capitaneados por Domingo de Moura. Los del José Pardo no pudieron ser capitaneados por Marcelino López, quien no regresó a tiempo de la pesca. La natación se hizo en el mismo sitio y consistió en cruzar el río, alcanzar la bandera que pertenecía al club del nadador y entregarla al juez que presenciaba la llegada.
Ganador del campeonato fue el Pardo que hizo 15 puntos. Loreto hizo 13 y Dos de Mayo 12. Los premios fueron medallas de oro, plata y cobre para los tres primeros puestos.
Conmemorando su 11 aniversario, Loreto organizó una fiesta deportiva en la Plaza Leoncio Prado y la banda de músicos del regimiento amenizó la fiesta. El resultado de las competencias atléticas dio 9 puntos para el Loreto, 8 para el José Pardo, y 1 para el Dos de Mayo. El partido entre el equipo A del Loreto con el Dos de Mayo resultó empate, y el sorteo dio el premio al Loreto. El equipo B fue vencido por el Pardo por 3 a 1.
Lo que no se efectuó fue la carrera con vallas, porque no obstante la reiterada petición del Loreto para que el José Pardo le devolviera las vallas que le prestara para la organización del campeonato de fiestas patrias, no logró su devolución.
Con motivo de la celebración de éste nuevo aniversario, Loreto le otorgó medalla de oro y diploma de honor a Germán Segura, a pedido de Máximo Vacalla y Manuel Alves “Manduca”, como reconocimiento a su meritoria labor de dos años como presidente.
El periodo de García Torres duró 18 meses, como refiriéramos antes.

Wednesday, July 11, 2007

Imagen para el recuerdo

Tarjeta conmemorativa de las Bodas de Oro del Athletic Club "José Pardo"
1 de setiembre de 1956




Monday, July 09, 2007

Al notar Villacorta la oposición, sin retirar su solicitud de ingreso al Pardo, mediante sus amigos en el Loreto, solicitó reconsideración de su renuncia presentada y aceptada, logrando que se le volviera a considerar como socio.
Pero sucedió que entretanto en el José Pardo, al reanudarse la sesión y ver los oponentes al ingreso: Burga Pippo, Jorge Noriega, Julio Velásquez, Ladislao Serrón y Carlos Documet, que la mayoría estaría a favor: Bartra, Celis, Tejada, Pablo Lozano, Adolfo Correa, Víctor Macedo, Pedro Villacorta, Julio Vergara, Manuel Burga, Cirilo Ruiz, Manuel Estévez, Meneleo Meza, y Cruz Pérez, plantearon la cuestión previa: que el ingreso era potestativo de la junta directiva y que sólo ella podía verla. Era un recurso para entorpecer el desarrollo de la sesión y una esperanza de que la directiva rechazara el ingreso; pero, los amigos de Miguel influyeron en el ánimo de los directivos y en una sesión casi secreta y que se asegura no tuvo el quórum reglamentario fue aprobado su reingreso.
Villacorta entonces de nuevo presentó su renuncia al Loreto, lo que colmó la paciencia de sus directivos y socios, que después de una acalorada discusión, en la que siempre tuvo sus defensores, entre ellos Eduardo Zanetti, se decretó su expulsión, considerando que lo que había hecho era burlarse de la institución, resolución que fue puesta en conocimiento de todos los clubes, publicada en los diarios locales, y aún más, haciendo presente que el club Loreto no jugaría ni aceptaría ningún partido, si Villacorta se presentaba conformando el equipo contrario.
Pero, la sangre no llegó al río, pronto se olvidó todo y Villacorta se quedó definitivamente en el José Pardo, hasta el final de sus actividades deportivas y luego como socio activo.

Las actividades deportivas del año fueron pocas. El 4 de noviembre de 1917 jugaron en la Plaza Leoncio Prado, primeros y segundos equipos del Pardo y Loreto, ganando Loreto por 2 a 1 en primeros, y José Pardo 2 a 0 en segundos. En el partido de primeros actuaron por primera vez Augusto Montani, más conocido como “Sisebuto” y Alejandro Sinti Calampa, que resultó un interior inteligente y movedizo, más que goleador, armador de juego.
El 11 volvieron a jugar Loreto y Pardo con sus tres equipos, ganando Loreto en los tres partidos por 3 a 1, 1 a 0, y 3 a 0.
El 25 de diciembre a invitación del Dos de Mayo, jugó el José Pardo dos partidos, entre primeros y terceros equipos, por una medalla de plata dorada y una copa respectivamente. La medalla la ganó el Pardo por 2 a 1, y la copa el Dos de Mayo por 3 a 1.
El 21 de abril de 1918, se realizó un festival deportivo organizado por el Club Sport Iquitos, en su campo deportivo situado en la esquina de las calles Dos de Mayo y Aguirre, pero las pruebas sólo fueron de exhibición.
En mayo, Dos de Mayo organizó un campeonato en celebración de su día, que no pudo realizarse, sino el 5, porque llovió el 2. Atletismo, natación y fútbol. Parte se realizó el 5 y el resto el 9. Los premios fueron individuales.
Enrique Coral volvió a ganar en natación, cruzando el Amazonas, ganando una medalla de plata dorada.
El 9 se jugaron los partidos de fútbol entre primeros y segundos equipos ganando en ambos José Pardo por 1 a 0, y 2 a 0 respectivamente.
Para el 30 de agosto, Loreto, conmemorando su décimo aniversario, organizó con gran pompa una fiesta deportiva, cuya preparación había sido su principal preocupación, superando dificultades económicas e incluso utilizando el trabajo de los socios para la ornamentación de la Plaza Leoncio Prado, donde se llevaron a efecto las pruebas.
Hubo premios especiales para las pruebas atléticas, que sólo fueron de competición personal, culminando el programa con la carrera con banderas entre José Pardo y Loreto, que ganó el Pardo, y dos partidos de fútbol, entre el equipo A de Loreto y el Pardo, y el equipo B del mismo Loreto con el Dos de Mayo, ganando el equipo A de Loreto por 1 a 0, y empate del B con Dos de Mayo a 2 goles.
Esto da una idea del poderío futbolístico o deportivo del Loreto, o por lo menos de la abundancia que tenía de jugadores.
El equipo A estaba conformado por Manuel Alves “Manduca”, Eduardo Zanetti, Joaquín Montero, Manuel Vacalla, Alfonso Ordosgoitia, Arturo Montero, Juan Torres, Calixto García, Máx Vacalla, Francisco Ramírez y Máx Themme.
En esta época se fundaron tres clubes, diríamos de segunda categoría, que posteriormente desaparecieron absorbidos por los tres decanos. Dichos clubes fueron: el Independencia, que más bien fue una transformación del equipo del Regimiento de Infantería Nº 13, el Bolívar y el Leguía, éste último organizado y presidido por Toribio Hernández.
El más fuerte y el que tuvo más vida fue el Leguía, que llegó a reunir muchachos que posteriormente resultaron verdaderas “estrellas”, entre ellos Carlos Núñez, el recordado “Elefante”.
Al terminar el periodo institucional del José Pardo, el club contaba con 215 socios, de los cuales 12 eran extranjeros. Según su categoría se clasificaban en: 12 honorarios, 98 activos y 105 auxiliares. La sección de gimnasia tenía inscritos 58 alumnos, todos menores de 15 años, divididos en 6 grupos, cada uno a órdenes de Emilio Berger, Jorge Noriega, Eduardo Noriega, Leoncio Burga, Manuel Burga y Teofilo Cavaillier, practicando diariamente de 5 a 6 de la tarde.

ANECDOTARIO

Víctor Revilla, que ya pertenecía al José Pardo, capitaneó el equipo del Club Iquitos, al que antes había pertenecido, en un partido contra el segundo equipo del Pardo, y en el que se disputaba una medalla de oro.
El José Pardo ganó el partido, pero el fiscal acusó a Revilla en sesión de directiva, la que después de oír su explicación y el reconocimiento de su falta, le aplicó como sanción la multa de …UN SOL

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Cierta tarde en que actuaban los tres equipos del Club Loreto y estaba vigente la disposición interna de que todos los jugadores concurrieran uniformados, fue visto por Segura, en el campo, luciendo traje de calle, Oswaldo Lecca del Águila.
Se le acercó, y al preguntarle por qué no iba a jugar, recibió la descortés respuesta: ¡Porque no quiero! Esta denuncia la presentó Segura a la asamblea, calificándola de falta de disciplina y de ofensa a su investidura de presidente del club.
La sesión fue acaloradísima; pues, además de que Lecca, a todas las acusaciones de Segura contestaba con un ¡miente usted!, se formaron dos bandos, uno que pretendía su castigo, y otro que lo defendía y justificaba.
Al final triunfó el bando que propugnaba el castigo, que resultó ser una suspensión, cuyo efecto también desconoció Lecca, porque no se había cumplido con la formalidad de comunicársela, siendo objeto entonces de un pedido de reconsideración en la siguiente sesión, a la que volvió a concurrir Lecca, produciéndose otro candente debate.
Eran tiempos en que todo se tomaba con calor, quizá por el mismo cariño que entonces se tenía a los clubes y sus colores, y la disciplina era la norma esencial de todas las actividades. Los ánimos se calmaron, se mantuvo la suspensión, pero como había pasado varios días, pronto se olvidó todo y Lecca y Segura siguieron siendo los mismos amigos de siempre.