Monday, August 29, 2005

ANECDOTARIO

La bola de fútbol se había roto y en una sesión se suscitó una discusión acerca de si se debía comprar con fondos del club o se hacía una colecta. Doroteo Arévalo pidió la palabra y dijo: aquí no cabe discusión señor presidente, ¡que se haga una colecta!
Aprobada la moción de inmediato se procedió y los primeros donantes fueron Ricardo Andrade y Julio Daniell, que dieron media libra cada uno. Luego Moisés del Castillo y Leoncio Rías dieron dos soles respectivamente. Le tocaba el turno a Doroteo y cuando el vocal se le acercó a solicitarle el óbolo le dijo: ¡sólo se juega con una pelota y con lo donado ya sobra para comprarla! Además, yo he dado la idea y ese ha sido mi óbolo…

Estaban todos en el campo de entrenamiento aquel domingo y no había pelota.
Averiguado el motivo resultó que Andrade se la había llevado a San Juan, con otros amigos, sin avisar a los socios del club.
Fue denunciado en la sesión inmediata y Doroteo Arévalo, que siempre se distinguió por sus punzantes salidas, al intervenir en el debate en el que se juzgaba a Andrade dijo: está bien que haya donado media libra para la compra de la pelota, pero, está mal que por eso crea que es medio suya.
Como castigo Andrade fue despojado de todos sus cargos.

Después de haberse efectuado una función en el “Cinematógrafo Pathe” organizada por el Athletic, pro compra del Buque Escuela, hicieron el balance, omitiendo por olvido el pago del alquiler del local.
Semanas después de entregados los fondos al comité local, un día el presidente recibió una notificación de la sub-prefectura, demandándole el pago de dichos alquileres, ascendente a la suma de S/. 250.00.
Como el plazo era perentorio, el presidente no tuvo otro remedio que pagar de “su bolsillo” S/. 100.00, a cuenta, comprometiéndose a pagar el saldo en el plazo de dos días, lo que consiguió haciendo una colecta en la sesión a la que citó de inmediato.
De este modo el Athletic, aparte de las actividades mencionadas, contribuyó a la compra del Buque Escuela con S/. 250.00

En una sesión, alguien presentó un proyecto para que fueran exonerados del pago de cuotas los que desempeñaban cargos directivos. Como de costumbre se suscitó acalorada discusión en pro y contra del proyecto.
Repentinamente se puso de pie Julio Daniell, y dirigiéndose al grupo que defendía la exoneración les dijo: ¡esas son tonterías inventadas por ustedes, sólo falta que pidan que se les pague a los directivos! ¡No señor, deben pagar todos o que nadie pague! ¡A ver qué hace el club sin plata!
El proyecto fue rechazado por abrumadora mayoría.

Uno de los primeros socios que fue separado del club por moroso fue Leoncio Burga Pippo. Como siempre fue de carácter irascible e impetuoso, no quiso atender las razones del cobrador y este dio cuenta para su depuración, agregando que hasta casi fue maltratado de obra. Al dar cuenta el secretario que había sido “tarjado” el nombre de Burga del libro de matrícula de socios, indicó que en la columna de observaciones lo había calificado de insolente.

Algo más grave fue lo que hizo Villamar y que le costó la expulsión definitiva del club.
Se ignora con que fines dirigió una nota al tesorero del Concejo don Baldomero Catter, pidiéndole
dos libras en calidad de préstamo y firmando con la firma del presidente Meza. Catter no dio el dinero y volvió la nota al presidente, creyendo que él se la había remitido.
El presidente denunció el hecho en sesión, para averiguar quien era el autor de la nota. Practicadas las investigaciones resultó ser Villamar. La comisión fiscal dictaminó expulsión definitiva y devolución del diploma de socio. Villamar se declaró rebelde y fue necesario nombrar una comisión con Doroteo Arévalo e Hibraín A. Vásquez, para recoger del domicilio de Villamar el diploma de socio.

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